Los fusilamientos en la montaña del Príncipe Pío
Francisco de Goya y Lucientes. 1814. Óleo sobre lienzo. 238 x 347. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Junto con El dos de mayo de 1808, o la carga de los mamelucos, compone la pareja de cuadros que Goya pintó para inmortalizar la lucha del pueblo español contra la dominación francesa.

La finalidad de ambos cuadros es todavía una incógnita, aunque lo más probable es que el encargo tuviera como finalidad la conmemoración de los acontecimientos del dos de mayo.

De cualquier manera lo que si que está claro es la intención de Goya de perpetuar los más heroicas y nobles acciones de la insurrección contra los ejércitos napoleónicos.

La escena representa el ajusticiamiento de algunos participantes en los altercados del dos de mayo. Murat, comandante de las tropas francesas, mandó apresar a todo aquel que portara una navaja o un cuchillo y ejecutarlos sin juicio previo a las 4 de la mañana siguiente, en lugares como la montaña del Príncipe Pío, actual Plaza de España, y que es donde está inspirada esta escena.

Hay datos que indican que pudo haber en torno a 400 ajusticiamientos esa noche.

Goya se sirve de la luz como recurso para incrementar la tensión y dramatismo de la escena iluminando fuertemente a los héroes, cuyos rasgos, actitudes y expresiones se adivinan perfectamente y nos permiten realizar un estudio psicológico de los personajes.

Como contrapartida situa a los soldados franceses en la zona derecha de la composición y de espaldas para representar su anonimato, y representandolos como máquinas de guerra al servicio del ejército francés.

Estamos sin duda ante dos obras maestras de Goya, que en esta época estaba finalizando su serie de Aguafuertes Los desastres de la Guerra, y que tuvo la oportunidad de trasladar las novedades temáticas y compositivas de esta serie de grabados, a dos pinturas al óleo de gran formato que sirvieron de inspiración a otras muchas obras y artistas de la historia del arte universal.