Paul Gauguin
Paul Gauguin. 1888. Óleo sobre lienzo. 73 x 92. Fundación Vincent Van Gogh, Amsterdam
Foto: usuario Flickr KUUNSTKUULTUR

En octubre de 1888 Paul Gauguin viajó desde Pont Aven hasta Arlés donde tenía previsto inaugurar, junto a sus amigos Emile Bernard y Vincent Van Gogh el que llamarían “taller del sur”, un lugar donde trabajar juntos, influirse mutuamente y afianzarse en las nuevas corrientes estéticas del arte.

Antes de llegar a la vivienda que haría las veces de residencia-taller para los pintores, “la casa amarilla“, Van Gogh había comenzado ya su famosa serie de los girasoles que en un principio estaban destinados a decorar la habitación de Gauguin.

La admiración del artista  por Van Gogh y su capacidad de “esculpir” las flores del girasol con espesas capas de pintura, así como el ritmo que era capaz de conferirle a su pincelada, le llevó a realizar este retrato de Van Gogh pintando los girasoles.

El cuadro representa al artista en plena actividad creativa observando su modelo de girasoles. El hecho de plasmarlo admirando su modelo de la naturaleza refleja las diferencias respecto a sus formas de pintar, pues mientras el artista holandés parte de la observación empírica de la naturaleza, en el caso de Paul Gauguin nace más de la imaginación y la intuición

El centro de la composición lo resuelve  con una serie de líneas de colores planos perfectamente definidas. La influencia de las estampas japonesas se aprecia en la carencia de profundidad y perspectiva de la escena, tal como demuestra la representación del caballete, que queda apenas reducido a un par de líneas diagonales.

Desde un principio advirtió Gauguin los problemas de convivencia que le depararía esa aventura fruto de las discusiones y desencuentros entre ambos artistas, lo que unido al trabajo desmesurado y las penurias económicas, desembocó en el incidente del corte de la oreja de Van Gogh tras una supuesta discusión con Gauguin.

El misterio que rodea a la convivencia de ambos artistas durante los dos meses que estuvieron en Arlés ha “alimentado” el mito de ambos pintores y suscitado numerosos estudios de arte y pintura, que más allá de sus anecdotarios, si que coinciden en la importancia que para sus posteriores carreras pictóricas tuvo esta breve pero intensa etapa en Arlés.