Salvador Dalí
Salvador Dalí. 1931. Óleo sobre lienzo. 24 × 33. Museo de Arte Moderno de Nueva York
Foto: usuario Flickr supercoco_

Es con toda probabilidad el cuadro más conocido de Dalí, casi podríamos hablar de un icono de su obra.

El cuadro representa un paisaje en el que se intuye la bahía de Port Lligat al amanecer, en cuya playa aparecen unas figuras muy recurrentes en el imaginario de Dali (el gran masturbador). A este paisaje le añadiría posteriormente los relojes blandos, que se le ocurrieron tras haber cenado una noche queso Camembert, cuya consistencia blanda derritiéndose inspiró al autor.

El significado del cuadro parece hacer referencia a como el paso del tiempo se impone a todo y afecta a la memoria, que se “reblandece” igual que los hacen los relojes en el cuadro.

Insectos como la mosca o las hormigas, posadas sobre los relojes, simbolizan la muerte y la destrucción, que se explica por el miedo que desde la infancia tenía Dalí por los insectos.

La obra se entendería entonces como una alegoría del tiempo con un tono algo negativo: imposible de medir, que agota nuestra memoria, y que nos destruye cuando llega la hora.

Aunque se trata de un cuadro de pequeño formato, en el se aprecian las principales características del Dalí más surrealista, representando mundos y fantasías oníricas, incluyendo numerosos símbolos y dibujando formas que responden al estilo preciso y detallista del pintor.

La pintura de Dalí se caracteriza por la perfecta definición del dibujo, la nitidez de sus atmósferas y la claridad compositiva. Desde el punto de vista narrativo, la indefinición provocada por las ensoñaciones y la imaginación del artista condicionan la comprensión del cuadro, que presenta una fuerte carga simbólica y una cierta carga enigmática y de misterio.

La Persistencia de la Memoria se corresponde con la segunda etapa pictórica del artista, la verdaderamente surrealista y relevante para la historia del arte.