Delacroix
Eugéne Delacroix. 1830. Óleo sobre lienzo. 259 x 352. Museo del Louvre, París.
Foto: Wikimmedia

Tras la revolución de 1830 de París, que supuso la caída de Carlos X y el ascenso de Felipe de Orleans, Eugéne Delacroix decidió plasmar los sucesos en este cuadro.

En primer plano representa una alegoría de la libertad con el torso desnudo y portando una bandera en una mano y un fusil en la otra. Tras ella, ciudadanos en armas de todas las clases sociales que participaron en la revolución contra el ultimo Borbón que reinó en Francia, Carlos X.

Un obrero con una espada, un burgués con sombrero de copa portando un trabuco o un adolescente con dos pistolas, reflejan la amplia participación del pueblo francés en la revuelta, más allá de su clase social. El personaje de la chistera es un autorretrato del propio Delacroix, que de esta forma se postula a favor de las ideas revolucionarias.

El espacio en el que se desarrolla la escena es una ciudad en llamas. La composición de figuras se inscribe en una pirámide cuya base son los cadáveres que han caído en la lucha contra la tiranía. Es una composición típica de la pintura del Romanticismo.

La luz es fundamental centrándose en el primer plano en el hombre caído de la camisa blanca y la figura de la alegoría, para posteriormente disolverse en la escena en la que el humo de la pólvora impide advertir con nitidez a todos los personajes y el paisaje parisino, del que apenas puede distinguirse la silueta de las torres de Notre Dame en la parte derecha del cuadro.

El contraste entre los colores ocres del cuadro y los colores vivos de elementos puntuales, como el rojo de la bandera de Francia o el azul de la camisa del soldado moribundo, otorgan dinamismo y emoción a la escena, que se acrecenta con el uso de una pincelada ágil y suelta.