Pablo Gargallo
Pablo Gargallo. 1933. 235 cm. Museo Pablo Gargallo
Foto: Wolfgang Jung

El profeta es una de las últimas obras de Pablo Gargallo (1881-1934), un perfecto colofón a una exitosa carrera como escultor que alcanzó renombre internacional.

La obra es una colosal figura de 2,35 metros de altura, lo que la hace aún más imponente y voluminosa. Sabemos que es el resultado de varios años de trabajo, dibujos, ensayos y estudios preliminares.

El cuerpo y el rostro del profeta se componen de láminas de hierro que se curvan y retuercen entre sí, creando planos y líneas que nos conducen hacia la cabeza y a la boca, donde se centra la expresividad de la figura.

La realizó en 1933 y es considerada como una de las obras cumbres de la plástica contemporánea. El artista consigue con gran maestría reflejar una gran expresividad suprimiendo materia inerte y limitando la representación del personaje a líneas y planos esenciales.

A pesar del aspecto compacto del personaje abunda el espacio vacío, las cavidades y los salientes frente a la materia. Es un recurso mediante el que el artista consigue hacer partícipe a la luz en la formación de claroscuros que dotan a la imagen de gran expresividad.

Los huecos empiezan a formar parte de la obra final
El Profeta (detalle)
Foto: Wolfgang Jung

Destaca la enorme boca abierta que simboliza el mensaje bíblico que los profetas predican. La expresión de la figura queda resaltada por la mano de la figura, que se eleva advirtiendo a los fieles de lo que está por venir.

Pese a la adscripción formal de la obra dentro de la corriente estética del cubismo, que predominó en la obra de Pablo Gargallo, “El Profeta” se trata de una obra plenamente expresionista

Su gran aportación a la escultura es la creación de un nuevo lenguaje escultórico que valoraba el aire, el hueco, frente al moldeado de la materia, que hasta ese momento habia sido el tradicional objeto de la escultura.