Katsushika Hokusai. 1826-1833. Xilografia
Foto: Trodel

También conocida como “Fuji rojo”, pertenece a la serie de 36 grabados sobre el monte Fuji que Katsushika Hokusai (1760-1849) materializó entre 1826 y 1833.

Toda la serie puede considerarse como una obra maestra en pequeñas entregas, y por eso es considerada como una de las cumbres de la pintura de paisajes de cualquier época y lugar.

Katsushika Hokusai no es solo uno de los principales artistas de la escuela Ukiyo-e del periodo Edo, sino también uno de los máximos exponentes de la pintura japonesa.

El grabado, viento del sur Fuji despejado, es uno de los 36 grabados que componen la serie. Debido a la fama que tuvo la serie de grabados en su época, y al carácter sagrado del monte Fuji para los japoneses, sabemos que años más tarde añadió 10 vistas más a la serie, y que al final de su vida firmó otra nueva serie de 100 vistas del monte Fuji.

La serie incluye vistas diversas del monte Fuji. En algunas es el único motivo protagonista de la composición, como en “viento del sur, monte Fuji despejado“, mientras que en otras la vista del monte es algo más lejana, permitiendo representar la vida y paisajes de sus alrededores, como en “La costa de Kamakura” o “Molino en Onden“.

Otras vistas simplemente sugieren la presencia del monte en la lejanía, o simplemente no aparece en la representación, aunque la escena la sitúe geográficamente cerca, como en “Bajo Meguro” o en el “Lago Suwa en la Provincia de Shinano”).

A esta serie pertenece también la obra más famosa de la serie, “La gran ola de Kanagawa“, que representa una tempestad en alta mar en el momento en que una ola va a romper sobre una barca de marineros. En el centro y muy lejos, aparece el monte Fuji.

De joven trabajó como librero y como aprendiz de grabador en un taller, lo que le permitió aprender con maestría la técnica del grabado ukiyo-e. Estos grabados fueron enormemente admirados por los pintores impresionistas y post-impresionistas, desde Claude Monet hasta Vincent van Gogh.

Hokusai fue un artista muy prolífico. Se calcula que creó unos 30.000 grabados. Además, pintó hasta el último día de su vida, y abordó multitud de géneros, desde el retrato hasta el paisaje, pasando por los grabados eróticos, muy apreciados por los cortesanos del Japón del siglo XIX.