Rafael Sanzio
Rafael Sanzio. 1513-1514. Óleo sobre Lienzo. 265 x 196. Gemäldegalerie Alte Meister. Dresde
Foto: Wikimmedia<!–

La Madonna Sixtina es un cuadro pintado entre 1513 y 1514 por el artista italiano del Renacimiento Rafael Sanzio, por encargo del papa Julio II.

El lienzo de la Virgen, el Niño Jesús, San Sixto y Santa Bárbara se caracteriza por el espacio imaginario creado por las propias figuras, que están de pie sobre una cama de nubes, circundadas por un gran telón abierto de color verde que separa lo terrenal de lo sagrado.

La obra fue encargada para decorar la tumba del pontífice, de forma que diese la sensación que todas las figuras asistirían al sepelio del Santo Padre.

A ambos lados de la Virgen con el niño, recibiéndola en su tránsito hacia el mundo real, San Sixto a la izquierda y Santa Bárbara a la derecha. En la parte inferior  dos Putti, conocidos como los angelitos, asisten interesados y curiosos a la escena, que parece que comentan entre ellos.

San Sixto era el patrón de la familia de Julio II, la familia Della Rovere, razón por la cual decidió representar un retrato de Julio II en el rostro del Santo.

Madonna sictina (detalle)
Foto: Bert Kaufmann

El gesto de S. Sixto y la mirada de Santa Bárbara parecen dirigirse a alguien que está detrás de la balaustrada, en la parte inferior del cuadro. La tiara papal posada sobre dicha balaustrada sugiere que su propietario era Julio II.

La gran aportación de Rafael en este cuadro fue la de crear un modelo de representación de la Virgen María en la que idealiza la figura y el rostro de Virgen María, siempre en actitud de tránsito hacia el espectador, acentuando el carácter espiritual de la imagen.

Rafael limita la iconografia de la imagen para centrarse en lo que realmente importa: la representacion de la imagen de la virgen.

Este cuadro inaugura toda una tradición pictórica en las representaciones de la Virgen, que luego triunfaría en el Barroco.

La fama y popularidad de los Angelitos de la parte inferior han llegado incluso a eclipsar una obra fundamental para la historia del Arte, de la que ocupan una pequeña parte.

Mucho más allá de la mercadotecnia que se ha creado en torno a estos adorables Putti, a quién Rafael consiguió dotar de una gracia y una dulzura singular, nos encontramos sin duda ante una de las obras cumbre del artista.