Diego Rivera
Diego Rivera. 1934. (Detalle). Palacio de Bellas Artes de México
Foto: Casbr

En los años 30 Diego Rivera (1886-1957) adquirió gran fama mundial y fue invitado a pintar en 1933 un mural en la entrada del edificio de la RCA en Nueva York.

En aquella época EE.UU. intentaba salir de la profunda crisis y depresión económica tras el crack bursátil de 1929, y Rockefeller empezaba a levantar su complejo de rascacielos en el centro de Manhattan. Para la decoración del Hall se eligió a Diego Rivera, tras el rechazo de otros pintores como Picasso o Matisse.

Conforme iba pintando el mural todo eran elogios y alabanzas. Hacia el final del proceso decidió colocar un retrato de Lennin en el mural. Cuando se enteró Rockefeller se lo tomó como un insulto, le ordenó dejar de pintarlo, le pagó y posteriormente destruyó el mural.

A pesar de la contrariedad inicial por haber sido despedido y eliminada su obra, Diego utilizó esta ofensa para pregonar la ausencia de libertad en el país que más presume de ella, EE.UU.

Rivera, satisfecho del resultado de la obra, aprovechó todos los bocetos, dibujos y fotografías que hizo de la obra para reproducirla en el Palacio de Bellas Artes de México DF.

En el mural podemos ver al Hombre, el trabajador, en el centro de la composición, como parte fundamental y controladora de la historia, la tecnología, el Universo y su destino.

El hombre se muestra como controlador de esa maquinaria y lleva la vista en alto, hacia el futuro.

Como contrapunto a todo ese engranaje que lleva a sus espaldas, Rivera pintó debajo unas plantas, trigo, frutas, etc, en clara señal de subordinación de la Naturaleza al Hombre.

Los personajes de la izquierda representan al pasado. Vemos al mundo capitalista dominado por una figura clásica con un crucifijo al cuello, símbolo de la iglesia una iglesia al servicio del capitalismo y opresora del pueblo. En la parte inferior vemos a Darwin y una alegoría de la Belle Epoque y los años del derroche.

Los personajes de la derecha representan el futuro, el ideal socialista. Reconocemos la figura de Lennin y arriba un ejército de trabajadores con banderas rojas. Otra estatua clásica, en este caso decapitada, domina este lado de la composición. A sus piés distinguimos a Trotsky, Engels y Marx entre trabajadores.

Los murales de Diego Rivera resultan muy espectaculares por la originalidad de sus composiciones, el colorido alegre y vistoso de sus obra, el realismo visual y una figuración que relacionamos con el realismo socialista soviético, aunque con el sello personal de Diego Rivera influido por las vanguardias europeas y su relación y gusto por los volúmenes y representaciones icónicas del cubismo.