Winslow Homer
Winslow Homer. 1899. Óleo sobre lienzo. 71 x 125. Museo Metropolitano de Nueva York
Foto: Wikimmedia

Estamos ante la obra más importante de uno de los pintores naturalistas más destacados de los Estados Unidos, Winslow Homer (1836 – 1910).

El cuadro representa la escena dramática de un pescador de raza negra que navega a la deriva tras haber sufrido un percance en su embarcación durante una tormenta.

La situación desesperada del marinero se ve reforzada por la visión al fondo de la tormenta que se aleja, el gran oleaje que azota la embarcación y los tiburones de la parte inferior que están esperando a que se consuma la tragedia.

Para acentuar el dramatismo y violencia de la escena incluyó sobre la superficie del mar unas algas autóctonas del Golfo de México, de color rojo, que parecen salpicaduras de sangre, como anticipandose a la inminente muerte.

Después de la tormenta
Foto: Wikimmedia

El cuadro es de un gran relismo y la perspectiva del pintor casi parece a vista de pájaro.

Sabemos que Winslow Homer recorrió en barco la corriente del golfo en numerosas ocasiones para poder documentar las sensaciones que produce navegar sobre ella, el colorido y la atmosfera marina, aspectos que quedan muy bien reflejados en la obra.

Una pequeña acuarela titulada “después de la tormenta” tranquiliza al espectador sobre el destino final del pescador, que aparece exhausto en la playa junto a su embarcación.

La utilización de la luz natural la desarrolló de forma paralela a la de los impresionistas franceses, con quienes a pesar de haber viajado a París en 1856, no tuvo ningún contacto ni relación personal o profesional.

Su pincelada suelta, agil y dinámica refuerza el dramatismo de la escena y consigue recoger todos los matices de la espuma y el agua del mar.

Tras haber pasado un año en un pueblo de pescadores de Inglaterra su pintura cambió de la temática rural e idílica de sus acuarelas, a unas escenas y composiciones en las que el hombre aparece luchando por intentar controlar y dominar una Naturaleza salvaje y grandiosa, que aunque en este caso no vence al ser humano, sí que le demuestra de lo que su poderío es capaz.