Les biches
Marie Laurencin. h 1923. Óleo sobre tela. Museo de L’Orangerie. Paris
Foto: Medieval Karl

La obra de la parisina Marie Laurencín (1883-1956) no puede entenderse sin la relación amorosa que mantuvo con Guillaume Apollinaire, quien la introdujo en el círculo de los cubistas presentándole a Picasso y Georges Braque, que estaban en pleno proceso de gestación de este estilo pictórico.

En un mundo de hombres como era la bohemia francesa de principios del siglo XX, Marie Laurencín fue capaz de hacerse un hueco y encontrar un sello personal que le llevó a exponer en el Salón de los Independientes de 1907, junto a artistas como Matisse o Derain.

El cuadro nos traslada al mundo del teatro, concretamente al ballet ruso de las ciervas, a quienes les hizo el decorado y el vestuario.

En el centro una mujer extiende las piernas de un ciervo que forma una acentuada diagonal hacia abajo.

Los rostros de la mujer y las cabezas de las ciervas que la flanquean se reducen a simples ojos alargados.

Una mujer de perfil, en este caso con la nariz y la boca claramente dibujadas, lleva una flor blanca en el pelo gris a modo de tocado. Su brazo derecho termina en una pezuña de venado que se agarra a lo que parece ser la cola de una sirena de color rosa que serpentea por la parte inferior del cuadro.

A la izquierda, una guitarra descuidada y sin cuerdas parace completar el atrezzo de la representación teatral que pretende reflejar el cuadro.

Resulta muy reconocible en la obra de la artista los retratos de mujeres o escenas femeninas, también flores y bodegones, con suaves y pálidos colores, en tonos rosados, azules y blancos.

Sus composiciones y formas tienen a la simplificación en lo que supone la adpoción de los presupuestos de la pintura cubista.

Sin embargo, su insistencia en la creación de un vocabulario visual de la feminidad, en el que la línea curvilínea es una clara alusión a la seducción femenina, es visto por muchos como una respuesta a la masculinidad imperante en el cubismo.