Cuadro de Dali pintando a Gala en el que el genio de Figueras establece un juego visual que sirve de homenaje a Velázquez

El título completo del cuadro es “Dalí de espaldas pintando a Gala de espaldas eternizada por seis córneas virtuales provisionalmente reflejadas en seis verdaderos espejos”, muy en la línea de cómo le gustaba titular sus cuadros al artista de Figueras. Pintado al óleo sobre lienzo es un pequeño cuadro de 60 x 60 cm que se conserva en el Teatre Museu de Dalí en Figueras.

Salvador Dalí (19043-1989) pintó en el tramo final de su obra este magnífico retrato múltiple de Gala y de sí mismo. El objetivo de Dalí fue hacer un cuadro-homenaje a Las Meninas de Velázquez.

Para conseguirlo se retrata pintando (de espaldas) y reflejado (de frente). Es al mismo tiempo Velázquez, y es el rey Feipe IV, así como Gala es Reina e Infanta.

Dalí no se contentó con intentar emular a uno de sus pintores predilectos. El genio de Figueras pretendió superar al que considera uno de sus maestros. Aún siendo consciente de que nunca conseguiría superarlo sí que podemos afirmar que el cuadro es uno de los ejemplos del “último” Dalí.

La obra está dividida en varias partes diferenciadas: el espejo enmarcado nos muestra la cara de Dalí y Gala, la ventana, a través de la cual entra la luz que ilumina la escena, y la última parte, el cuadro que Dalí está pintando, y que oculta con su cuerpo.

El colorido apagado del cuadro, en el que predominan las tonalidades de color marrón de los muebles y la escasa iluminación que entra por a ventana, a través de la que se adivina un paisaje típico del autor, configuran una escena bastante íntima.

Las caras desdibujadas de ambos personajes son fruto del experimento en que convirtió Dalí este cuadro, y que consistía en pintar del reflejo de seis espejos.

A través de tantos espejos las figuras reflejadas pierden definicion y detalle, tal y como puede verse en los rostros de Dali, y especialmente de Gala, y eso es lo que pretendió representar Dalí.