Joaquín Sorolla. 1894. Óleo sobre lienzo. 151 x 202. Museo del Prado
Foto: wikimmedia

Es una de las primeras obras destacables de Joaquín Sorolla y Bastida (1863-1923)

Se trata de una obra de la primera etapa del artista, y que se enmarca dentro del género pictórico del realismo social, que le valió para obtener la medalla de primera clase de la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1895.

La escena muestra a dos pescadores de edad avanzada atendiendo a un tercero, más joven, que ha sufrido un accidente. El marinero accidentado se encuentra con el torso desnudo, del que pende una medalla de la Virgen del Carmen, protectora de los trabajadores del mar.

La riqueza iconográfica y el detallismo de la escena quedan evidentes al incluir en la representación todos aquellos elementos y utensilios habituales en este tipo de embarcaciones, tales como un tonel para el agua dulce, cuerdas, peces, un candil, etc.

El dibujo riguroso y descriptivo del joven Sorolla anticipa la maestría que adquirió el pintor a lo largo de su obra. La utilización del color con predominio de los ocres y tierras, así como la pincelada, recuerdan a Velázquez.

La composición desequilibrada hacia un lado dota al cuadro de una gran profundidad y algunos aspectos, como la cálida iluminación que procede de la escotilla, apuntan la incipiente preocupación del artista por la representación de la luz, que incide de forma que crea grandes claroscuros con los que acentuar el marcado carácter crítico y dramático de la obra.

La luz incide de forma lateral en las figuras y crea unos claroscuros que recuerdan a Ribera en su naturalismo y realismo.

El título del cuadro procede de la novela Flor de Mayo escrita por Vicente Blasco Ibáñez que se desarrolla en las playas del barrio del Cabañal en Valencia.

En uno de los pasajes, muere en el mar un pescador llamado Pascualet y su tía se lamenta de lo sucedido mientras exclama: “¡Que viniesen allí todas las zorras que regateaban al comprar en la pescadería!. ¿Aún les parecía caro el pescado?”.