Franz Xaver Messerschmidt. h 1771. Alabastro. Getty Museum. Los Ángeles
Foto: Grahambones

Franz Xaver Messerschmidt (1736-1783) es uno de esos artistas poco conocidos y sorprendentes del siglo XVIII.

Su obra más conocida consiste en una serie de 69 cabezas de personajes con expresiones faciales tan exageradas que parecen casi muecas, con las que el artista pretendió representar las pasiones y emociones de la humanidad.

Empezó la serie hacia 1770 aunque fue tras su “retiro” fuera de Viena en 1774, cuando se concentró al máximo en ese trabajo.

En casi todas las cabezas de la serie el modelo era el propio artista, que se situaba frente a un espejo y hacía muecas y gestos de dolor simulados y algunos provocados por pellizcos que se infringía a sí mismo.

Cada cabeza está tallada representando una expresión facial diferente y exagerada al máximo en los músculos y facciones del rostro, que se contraen, relajan o pliegan. Los ojos se entrecierran, aumentan las cejas y la boca se contorsiona acentuando una expresión gestual muy marcada.

En este caso nos presenta a un hombre de edad avanzada, de unos 60 o 70 años edad, enfadado y en lo que parece que es el momento previo a echarse a llorar de rabia ante el conocimiento de una mala noticia, que lo entristece y lo irrita al mismo tiempo.

Franz Xaver Messerschmidt
Foto: jbcurrio

El cuello, sin el estorbo de ropas o bufandas, revela sus laringes y los tendones en máxima tensión que dotan a la imagen de gran expresividad.

Algunos estudiosos han querido ver en este busto la representación del estado de ánimo del artista ante un acontecimiento de su propia vida, cuando en 1774 optaba a un puesto vacante en la Academia de Bellas Artes de Viena, donde enseñaba desde 1769.

En el momento de comunicarle la decisión se consuma la tragedia. En lugar de concederle la vacante a él, es expulsado de la institución por culpa de su enfermedad.

Aunque no hay ninguna evidencia que nos indique lo acertado de esta hipotesis, sí que sabemos que este hecho marcó profundamente al artista, que se sintió vejado por esa decisión y se marchó a su pueblo de origen, Wiesensteig, y posteriormente a Bratislava, donde permanecería hasta su muerte.