Le Corbusier
Le Corbusier. 1950-1955. Ronchamp
Foto: yellow book

Obra del arquitecto suizo Le Corbusier (1887-1965), también conocida como “Ronchamp”, es uno de los ejemplos de arquitectura religiosa más logrados y apreciados del siglo XX.

Fue un encargo destinado a sustituir a la antigua iglesia de peregrinación,  destruida durante la Segunda Guerra Mundial.

Se trata de un edificio especial dentro de la producción del arquitecto, que se sale de su pensamiento sobre la estandarización de los procesos constructivos y ofrece una solución específica al edificio y a su emplazamiento en lo alto de una colina.

La planta de la iglesia consiste en una nave de forma oblonga, con dos accesos laterales, un altar principal y tres capillas bajo las dos torres-campanario. Destaca al exterior la cubierta, que tiene forma de quilla con el mascarón de proa proyectándose hacia arriba.

Le Corbusier concibe la iglesia con doble función interior-exterior. Al interior un pequeño espacio con capacidad para unas 200 personas que invita a la meditación y recogimiento, y al exterior un altar en el lado Este que aprovecharía una explanada natural para celebraciones multitudinarias al aire libre.

Interior de la iglesia
Foto: Wikimmedia

La iluminación indirecta procedente de las torres, y la que penetra por las pequeñas ventanas irregulares, proporcionan una luz suave e indirecta que refuerza la naturaleza sagrada del espacio, invitando al recogimiento y a la oración tal y como ocurría en las iglesias románicas y góticas. Además una separación de 10 cm entre la estructura de la techumbre y los muros permite el paso de luz adicional durante el día.

El conjunto, que tiene una apariencia escultural tiene la mayor parte de sus muros curvilíneos. Las formas predominantemente orgánicas responden a un movimiento de respuesta en el mundo de la arquitectura de los años 50 en el que se generalizó el uso de la curva, contracurva y los contrastes.

Entre los materiales utilizados encontramos piedra blanca de Bourgogne, mampostería, hormigón y hierro fundido en algunos elementos decorativos.

Una de las principales aportaciones de Le Corbusier fue la de concebir este espacio libre de detalles extravagantes y figuras religiosas, y de someterlo a los condicionantes funcionales y del emplazamiento del mismo, que el propio arquitecto concibió de forma similar al Partenón en lo alto de un promontorio natural.