Albretch Altdorfer
Albrecht Altdorfer. 1529. 158 x 120. Óleo y temple sobre tabla. Alte Pinakothek. Múnich
Foto: Wikimmedia

Estamos ante la pintura más conocida del pintor renacentista alemán, Albrecht Altdorfer (1480-1538).

Como el propio título del cuadro indica representa la batalla histórica de Alejandro Magno en Issos frente a las tropas persas comandadas por Dario III en el año 333 a.c.

Aunque la batalla real tuvo lugar en Turquía, en la pintura se distinguen paisajes alpinos muy europeos y perfiles de ciudades alemanas en el fondo del cuadro.

En lo alto del cuadro vemos una inscripción en latín en el interior de un estandarte en la que explica el cuadro “Alejandro Magno venciendo al último Darío, tras caer muertos entre las filas persas 100.000 soldados de infantería y más de 10.000 de caballería. Mientras que su madre, esposa y hijos fueron tomados prisioneros, el rey Darío huyó con no más de 1.000 jinetes”.

En el centro de los ejércitos representa a Alejandro Magno a lomos de Bucéfalo y a Darío III huyendo con su carro, reflejando la rendición y huida del sátrapa persa tras la batalla.

El punto de vista del cuadro es curioso y bastante original. Mientras en el primer plano la vista es cercana al suelo, va ascendiendo la perspectiva hacia el fondo, donde alcanza una vista de pájaro muy alta.

Dos grandes espacios dominan el cuadro: de una parte el nivel de tierra en el que se desarrolla la batalla, un lugar repleto de un sinfín de minúsculas figuras que contribuyen a la sensación de agitación y tumulto que domina el combate, y de otra un paisaje imaginario lleno de referencias: campamentos, ciudades, edificios en ruinas, etc.

Al fondo representó un aglomerado de construcciones de la antigüedad pero sin la menor dosis de realismo. Son ensoñaciones imaginarias y extravagantes de cómo debieron ser estos monumentos, entre las que distinguimos la Torre de Babel, las pirámides de Egipto y el templo de Jerusalén.

En el fondo, a la derecha representa una dramática puesta de sol, mientras en la esquina superior izquierda sitúa a la luna en cuarto creciente, que es una clara referencia al pueblo turco, que para la fecha del cuadro estaba asediando la ciudad de Viena.

El color se convierte en el elemento que “une” las dos mitades del cuadro, repitiendo los tonos predominantes de ambas partes del cuadro, ocres en el nivel de la tierra mezclados con azules de las armaduras. Y viceversa, tonos castaños y rojos mezclados con los azules del cielo.

La minuciosidad en el detalle resulta una de las características más llamativas de la pintura. Precisión y detallismo derivados probablemente de su maestría como grabador y que le otorga al cuadro buena parte de su imponente monumentalidad.