Auguste Renoir
Pierre Auguste Renoir. 1881. 130 x 173. Óleo sobre lienzo. Colección Philips. Washington D.C.
Foto: Wikimmedia

Esta es una de las últimas obras impresionistas de Renoir (1841-1919), y una de las más conocidas y logradas de esta etapa del artista.

El cuadro representa una escena de la vida cotidiana en la que los personajes rezuman alegría y vitalidad, perfectamente recogida en la atmósfera del cuadro.

Los personajes están desayunando en la terraza del restaurante Fournaisse, en la isla de Chatou tras una jornada de remo por el Sena.

Al ser un lugar muy frecuentado por los pintores impresionistas y su entorno, Renoir representa a amigos y colegas, como Gustave Caillebotte (remero joven del primer plano) y la que sería su esposa, Aline Charigot, sentada a la mesa jugueteando con un perrito.

De pie y detrás de Aline Charigot, Alphonse Fournaise, propietario del restaurante y padre de Alphonsine, la mujer apoyada en la barandilla que habla con el barón Barbier.

La mujer sentada a la mesa con el joven Gustave Caillebotte es Ellen Andrée, que habitualmente posaba para Renoir como modelo para sus cuadros.

El toldo que recubre la estancia crea una luminosidad muy uniforme, poco habitual en las obras del artista. La jovialidad de la escena y el realismo de la representación aparecen realzados por la dinámica de una composición en la que ningún elemento del cuadro es estático ni casual: los rostros de los personajes conversando, sus actitudes gestuales, los pliegues del mantel y la ropa, el viento.

Detalle
Foto: wikimmedia

La espontaneidad de la obra es su mayor logro, dando la sensación de estar ante una fotografía de un instante, muy conseguido gracias a los numerosos retoques que fue haciendo el pintor hasta conseguir captar la atmósfera de la escena en el cuadro.

Renoir demuestra su maestría representando los restos de la comida sobre el mantel (botellas, frutas, platos, copas, etc.) como una naturaleza muerta independiente de la escena, un cuadro dentro del cuadro.

Para diferenciarlo utiliza una pincelada mucho más empastada y espesa en el caso de la naturaleza muerta que en la que utiliza para “modelar” a los personajes, más ligera suelta y libre.