Los jeroglíficos de las postrimerías es como se conoce a las dos pinturas más conocidas del pintor sevillano Juan de Valdés Leal (1622-1690), que se encuentran en el sotocoro de la iglesia de la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla.

Los jeroglíficos consisten en dos lienzos rematados en arco de medio punto que componen un programa iconográfico sobre la “vanitas” (vanidad humana). Se titulan in Ictu Oculi y Finis Gloriae Mundi y fueron pintados en 1672.

Juan de Valdés Leal. 1672. 270 x 216. Óleo sobre lienzo. Hospital del convento de la caridad de Sevilla
Foto: Wikimmedia

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El tema supone incitar a una trascedental meditación sobre los momentos finales del hombre: muerte y juicio, que determinará la obtención de la gloria o el infierno.

En el muro izquierdo del sotocoro se sitúa In Ictu Oculi. La inscripción significa en un abrir y cerrar de ojos, y alude a la evidencia de que la muerte llega de forma súbita e instantánea. La escena está dominada por la figura de un esqueleto que lleva un ataúd y una guadaña, al tiempo que se dirige a apagar la luz de la vela, símbolo de la vida que se apaga.

En el muro derecho del Sotocoro se encuentra la segunda pintura, Finis Gloriae Mundi, que alude al fin de las glorias terrenales. El título aparece en una filacteria de la parte inferior, al lado del ataúd del obispo. Esta escena se enmarca en el espacio de una cripta funeraria. Un obispo y un caballero de la orden de Calatrava ambos ataviados con sus suntuosas ropas y símbolos de poder.

En el centro del cuadro una alusión al juicio final. La mano de Dios sostiene una balanza en cuyo plato izquierdo están los símbolos de los pecados capitales mientras en el derecho vemos elementos relacionados con la virtud, la oración y la penitencia. Las inscripciones “ni mas” , “ni menos” de los platos izquierdo y derecho respectivamente refuerzan la idea de lo sencillo que es decantarse por una u otra opción.

Ambas obras se inscriben compositivamente en un triángulo con numerosas diagonales que dotan de mayor ritmo al conjunto.

La iluminación de las obras es muy teatral incidiendo en los cadáveres del primer plano, mientras deja en penumbra el fondo y una luz irreal ilumina la balanza que sostiene la mano de Dios, o la vela con la inscripción In Ictu oculi que intenta apagar el esqueleto.

Se consideran las obras maestras de Valdés Leal, y uno de los programas iconográficos más completos, mejor diseñados y de mayor dramatismo sobre la muerte que podemos encontrar en toda la Historia del Arte universal.

Debido a estos trabajos se ha considerado a Juan de Valdés Leal fama de pintor de la muerte, sin duda una consideración injusta ya que el pintor sólo se limitó a representar en un lienzo lo que le encargó el Hermano Mayor de la Hermandad de la Santa Caridad de Sevilla, Miguel Mañara, obteniendo un resultado de gran impacto visual y espiritual que nada tiene que ver con el resto de la producción artística del pintor.