Thyssen Bornemisza
Otto Müller. 1926. Óleo sobre arpillera. 100 x 138. Museo Thyssen Bornemisza. Madrid
Foto: Wikimmedia

Este cuadro de Otto Müller (1874-1930) conservado en el Museo Thyssen Bornemisza es un buen ejemplo de su obra, caracterizada por sus representaciones de desnudos femeninos en entornos naturales.

Otto Müller, que era de etnia gitana, fue el último artista en adscribirse al grupo “Die Brücke”, ya en 1910.

El estilo personal y característico de Otto Müller le hicieron ser considerado por algunos de sus contemporáneos, como Kandinsky, un pintor con un enorme potencial sin explotar que vio truncada su evolución por su obligada participación como soldado en la primera guerra mundial.

Fue sin duda el artista que mejor supo reinterpretar y continuar con el primitivismo de Gauguin, a través de sus mujeres desnudas de facciones angulosas, cortantes y dibujadas por unas líneas negras rectas sobre fondos y paisajes naturales, esbozados pero verosímiles desde el punto de vista espacial.

El colorido suave y la sensualidad ingenua con que dota a las figuras femeninas consigue dar a las escenas un cieto aire erótico, sin que fuera éste su objetivo en ningún momento.

El propio Müller manifestó que su objetivo era expresar los sentimientos del hombre hacia la naturaleza con la mayor simplicidad posible, para lo que se sirve de la bidimensionalidad y el resalte de los contornos de las figuras, imitando la pintura primitiva como la que se hacía en el antiguo Egipto.

Recupera la técnica de la pintura al temple, de ahí sus colores apagados y sus gamas reducidas y limitadas en su brillo. También buscó innovar en la utilización de lienzos de arpillera con pintura al óleo muy seca, simulando los efectos de la pintura al fresco, tal y como hizo en este cuadro.

Como Otto Múller nunca fechaba sus obras y su estilo apenas varió a lo largo de su vida, es complicado fechar sus pinturas.

Dos desnudos femeninos en un paisaje está fechado en torno a 1926, aunque se cree que puede ser anterior, del momento en el que es contratado como profesor en la academia de Breslau, en 1922.

Su temática apenas cambia en toda su obra. Algún autorretrato, mujeres desnudas en paisajes y entornos naturales y el mundo de los gitanos, estos dos últimos temas muy recurrentes y casi obsesivos en toda su carrera.