Los Borrachos
Diego de Velázquez. 1629. Óleo sobre lienzo. 165 x 188. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Estamos ante uno de los cuadros más conocidos de Velázquez (1599-1660), y el primero del autor con tema mitológico. Lo pintó en 1629, justo antes de viajar a Italia, que cambiaría su forma de pintar y de concebir la pintura.

Fue un encargo del rey Felipe IV, que quería para sus aposentos reales una representación mitológica que tuviera como protagonista al dios Baco, que en la época era visto como un “libertador” de la vida cotidiana, por los efectos que sobre el alma tiene el líquido que forma parte de su iconografía: el vino.

Lo que más sorprende al ver la escena es el toque vulgar que le dio Velázquez a la escena, desmitificando así cualquier atisbo de idealización de los personajes, incluido el propio Baco.

El cuadro se divide en dos partes: la izquierda en la que está Baco con dos sátiros y la derecha en la que sitúa a los borrachos.

La escena tiene lugar al aire libre. Baco, con un tocado de pámpanos y hiedra y cubierto parcialmente por telas blancas y rosadas, está sentado sobre un tonel. Dos sátiros le acompañan y observan la escena de coronación de un hombre arrodillado frente a Baco.

A la derecha cuatro personajes en evidente estado de embriaguez, dos de los cuales dirigen sus miradas directamente al espectador haciéndoles partícipes e invitándoles a sumarse al festín.

La representación del dios del vino está inspirada en el Baco de Caravaggio, cuya blancura de la piel y la cara de niño lo diferencian de los demás personajes.

Velázquez representa a estos borrachos con sus rostros vulgares y sus ropas rústicas de trabajadores como sería cualquier visitante de una taberna, sin aderezos ni artificios y centrándose en la representación realista y naturalista de las figuras.

En el suelo, en primer plano y al lado del personaje que está siendo coronado, dos recipientes de barro y cristal recuerdan la maestría de Velázquez pintando bodegones dentro de sus cuadros, como hizo en Vieja friendo huevos o El aguador de Sevilla.

Son varias las interpretaciones que se han hecho de esta obra, desde una crítica irónica de los dioses paganos, hasta una humanización de las historias mitológicas, o una exaltación del vino, que tomado con moderación, alegra la vida de los hombres.