Gustave Eiffel
Gustave Eiffel. 1889. Campos de Marte. París
Foto: Terazzo

Este “gigante” de hierro fue el hito arquitectónico de la Exposición Universal de París del año 1889, con la que la ciudad de la luz quería conmemorar el centenario de la Revolución Francesa.

El artífice de esta obra fue Gustave Eiffel, que da nombre a la torre, y que ganó un concurso que se convocó a tal efecto y al que se presentaron más de 100 propuestas.

La construcción de la torre duró algo más de dos años, llegando a tiempo para la inauguración de la Exposición Universal de París el 6 de mayo de 1889.

Aunque en un primer momento se pensó situarla a orillas del sena, el gran peso de la torre y la cimentación de más de 30 metros que requería motivó que finalmente se situara en los Campos de Marte, lugar de la exposición, de la que la torre Eiffel fue su puerta de acceso monumental.

Torre Eiffel (pilar)
Foto: Karlnorling

Con una altura de más de 300 metros (incluyendo la antena de la parte superior), es un gigantesco mecano de más de 18.000 piezas de hierro que pesan alrededor de 7.300 toneladas, y que asienta sobre cuatro enormes zócalos de hormigón.

El diseño original del edificio es de Maurice Koechlin y Émile Nouguier, ingenieros de la empresa de Eiffel, quienes con la ayuda de Stephen Sauvestre consiguen que Gustave Eiffel se interese por la obra, compre los derechos exclusivos sobre el proyecto y lo presente al concurso.

Aunque se proyectó la construcción en 12 meses, se tardaría más del doble de tiempo, lo que acarreó además un sobre-coste de 1,5 millones de francos (el presupuesto era de 6,5 millones).

En la obra sólo trabajaron algo más de 200 obreros, ya que la mayor parte de los trabajos de ensamblaje se hacían en las fábricas de la empresa. Durante el tiempo que duró la construcción no murió ningún trabajador en horario laboral, a pesar de realizar trabajos al aire libre y a grandes alturas.

Tras la exposición fue utilizada para hacer experimentos científicos, lo que contribuyó a su sustento, ya que la afluencia de visitantes era insuficiente para sufragar su costoso mantenimiento.

Hacia 1910 se pensó en desmontarla, pero gracias al telégrafo, recién inventado, se utiliza como antena y se salva así de su demolición, especialmente por su relevancia durante la primera guerra mundial, interceptando comunicaciones del ejército alemán.

Aunque la construcción tuvo un éxito popular inmediato, fueron muchos los intelectuales y gente influyente de la época los que se mostraron contrarios a la construcción.

Si bien sabemos que el propio Eiffel no fue el diseñador del edificio, a él le debemos la defensa del proyecto para que fuera una realidad, y sobre todo, a su esfuerzo procurando dotar a la construcción de una utilidad y sostenibilidad económica, que ha permitido que hoy  sea visitado por algo más de 7 millones de personas cada año, y que sea el símbolo de la ciudad y de Francia.