Grosz
George Grosz. 1927. Óleo sobre lienzo. 60 x 74. MoMA. Nueva York
Foto: ocad123

La obra de George Grosz (1893-1959) es fácilmente reconocible e identificable como una de las más originales y auténticas del periodo de entreguerras.

Grosz destacó desde sus inicios como dibujante, ilustrador y caricaturista, lo que le llevó a integrar el primer grupo de artistas dadaístas de Berlín, exponiendo en el salón dadá de Berlín en 1919.

Desde ese momento empieza a colaborar en revistas políticas y satíricas, donde dará rienda suelta a su postura crítica frente al estamento militar y el apoyo social con que contaba el ejército en Alemania.

En ese momento sus dibujos angulosos con pluma se convierten en su forma de luchar y denunciar a la sociedad de la república de Weimar, atacando a todos los estamentos de la sociedad que el considera corrupta y enferma: militares, jueces, clérigos y funcionarios.

De esta forma creó Grosz un nuevo lenguaje, con sus dibujos cargados de crítica social que evidencian un nuevo lenguaje visual marcado por la denuncia, la ironía y las imágenes impactantes y grotescas.

Hacia 1925 inicia una serie de retratos, del que este es uno de los mejores ejemplos.

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Georges Grosz
Retrato del escritor Max Herrmann-Neisse. 1925. Óleo sobre lienzo. 100 x 101 cm. Staatliche Kunsthalle, Mannheim, Alemania.

Se trata de un retrato del poeta alemán Max Hermann Neisse, a quién ya le había hecho un retrato unos años antes.

El tono general de la obra, especialmente el dibujo, evidencian el buen oficio del pintor como dibujante satírico y lo encuadran dentro de la corriente expresionista alemana, pero evolucionada hacia lo que luego se llamó “nueva objetividad”.

El predominio de la línea y el dibujo sobre el color hacen parecer que esté pintado a la acuarela y no con óleo.

El retrato denota una gran profundidad psicológica del personaje, quién a causa de una enfermedad de la columna vertebral sufría intensos dolores que lo ocasionaban sufrimiento.

En ningún momento parece advertirse comunicación entre el retratado y el espectador o el artista, que se erige en un mero observador de una realidad que no adivinamos a ver si es o no del agrado del pintor, como así lo era manifiestamente en su obra gráfica.

La vida y la obra de este genial pintor alemán están estrechamente ligadas, y en cualquier caso es un claro ejemplo de un artista comprometido que nos legó una extensa obra en la que supo retratar con gran autenticidad cómo era la vida en Berlín durante la república de Weimar, donde conviven ricos y pobres, esplendor y miseria, cafés y teatros, en los que las pasiones y los vicios de la sociedad se entremezclan sin orden ni valores morales que los frenen, y que caracterizaron a la sociedad que hizo ascender al poder a Hitler en 1933.