Miro
Joan Miró. 1922. Óleo sobre lienzo. 123 x 141. National Gallery of Art. Washington
Foto: National Gallery de Washington

Este cuadro de marcada estética surrealista es una de las obras más importantes de Joan Miró (1893-1983), uno de los artistas españoles más influyentes y cotizados internacionalmente de todos los tiempos.

En él representa una masía, que son las casas con finca ganadera y agrícola típicas del antiguo reino de Aragón.

Si hay dos características que definen esta obra es la libertad y la fantasía, características que deben estar presentes en cualquier obra surrealista al utilizarse para componer escenas inverosímiles, con figuras cuya asociación es irracional, pero tratados de forma individual, como si se quisiera individualizar cada uno de ellos.

Miró estuvo trabajando nueve meses en la concepción de este cuadro, que inició durante una estancia de verano en la masía que su familia tenía en Montroig, continuó más tarde en Barcelona y finalizó en París.

Vemos numerosos elementos, sin aparente orden ni concierto. Parece un catálogo de lo que había en la granja de sus abuelos: un eucalipto ocupa el centro de la escena.

A la izquierda, la masía, una mujer trabajando, un carro en un cobertizo, aperos de campo diseminados por la finca, un perro, un mulo dentro de la masía y otro haciendo girar una noria.

A la la derecha, el corral, sin verja frontal, permite ver el interior lleno de animales. El fondo está ocupado por el bosque y la parte superior derecha del cielo por el sol.

Con este cuadro quiso resumir todos aquellos recuerdos de su infancia en el campo, de ahí que queriendo plasmar todos y cada uno de los detalles de cada elemento del cuadro, tuviera que hacer numerosos estudios, bocetos y dibujos de cada uno de ellos hasta componer el resultado final, que es una de las obras maestras del surrealismo.

El propio Miró manifestó su interés por plasmar hasta el más mínimo detalle de cada animal, planta o insecto que le recordara al campo que tanto añoraba.

Para Miró una hormiga, un caracol, un perro o una montaña son igual de importantes, y por eso intentaba dotarles a todos de vida, lo que le resultó muy costoso.

Hacia 1920, un año antes de pintar este cuadro, miró se había instalado con Picasso en París. Allí recibió influencia de los Fauvistas, cubistas y surrealistas, tres aportaciones claves para entender este cuadro, en el que se aprecian elementos tomados de los tres estilos pictóricos, aunque será el surrealismo el más evidente y el que más desarrolló el autor en su obra posterior.