Napoleón y el papa en su coronación
Jacques Louis David. 1807. Óleo sobre lienzo. 629 x 979. Musée du Louvre. París
Foto: wikimmedia

Este cuadro es obra de Jacques Louis David (1748-1825), pintor de la revolución y posteriormente pintor oficial de Napoleón Bonaparte.

Realizada entre 1805 y 1807, es un cuadro de grandes dimensiones (629 x 979 cm), conservado en el Museo del Louvre de París, aunque podemos contemplar otra copia en el Palacio de Versalles.

La escena reproduce el acto de coronación y consagración que tuvo lugar el 2 de diciembre de 1804 en la Catedral de Notre Dome de París.

A pesar del manifiesto interés de Napoleón por romper con la herencia borbónica, obliga a David a incluir los principales símbolos reales en el cuadro: corona y cetro.

Napoleón se corona a sí mismo, como símbolo de la legitimidad que le ha dado el pueblo para erigirse en el máximo dirigente de Francia, diferenciándose de la monarquía, que lo era supuestamente por la gracia de Dios.

La presencia de altos dignatarios y de la familia Bonaparte se corresponden con los apoyos del nuevo régimen componiendo la nueva nobleza basada en sus propios méritos y no en su herencia o tradición.

Napoleón está de pie y es el único y verdadero protagonista de la escena. Josefina se arrodilla en posición de sumisión para recibir la corona de manos de su marido.

La madre de Napoleón, Maria Letizia Ramolino, contempla la escena desde la tribuna del fondo, a pesar de que no asistió al acto por una disputa con su hijo.

Los hermanos del pintor, Luis y José Bonaparte (pepe botella), aparecen en la parte izquierda del cuadro.

Jacques Louis David se autorretrató en una tribuna encima de la de la madre del emperador.

El papa Pío VII asiste a la ceremonia pero como un mero espectador, sin que se requiera su participación en la ceremonia de consagración y coronación del emperador y su mujer.

Se trata de una obra en la que el arte se pone al servicio de la nueva dinastía napoleónica, disponiendo a su emperador para entrar a la posteridad, como lo demuestra la voluntad del propio Napoleón de teatralizar al máximo la escena, y que tan magistralmente fue capaz de hacerlo David.