Este lienzo de José de Ribera (1591-1652) es una de sus obras más conocidas y que se conserva en el Museo del Prado.

El tema está sacado de un episodio del antiguo testamento, en el que a Jacob se le aparece una escalera de luz por la que suben y bajan ángeles mientras duerme en el transcurso de una jornada de trabajo.

Ribera obvia los contenidos de las sagradas escrituras y se centra en la figura de Jacob y la humanidad de la figura del pastor, representado con gran naturalismo a pesar del toque de fantasía que introduce en la visión esfumada de los ángeles sobre la cabeza de Jacob.

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En esta obra destaca el interés de Ribera por reflejar el aspecto humano y cotidiano del episodio bíblico, es decir, la presentación natural y vigorosa de la figura de Jacob que representa durmiendo en el suelo en una actitud poco decorosa típica de un cansado viajero o de un perezoso pastor de ovejas, al pie del tronco de un árbol.

La representación realista del pastor, tendido para descansar en el campo, da verosimilitud a una escena supuestamente “milagrosa” en la que el cielo azul y gris se abre a un haz de luz que simula la escala desde la que bajan y suben ángeles, tal y como se relata en las escrituras.

Para representar la escala por la que suben y bajan los ángeles, Ribera decide sugerirla en lugar de pintarla. Esto lo consigue gracias a una sucesión de pinceladas rápidas que se disuelven y confunden en un halo de luz dorada y difuminada que se eleva hacia las alturas.

La utilización del color en esta obra es la prueba más clara del delicado sentido del color y la composición que tenía el artista, con la diagonal que forman los principales volúmenes del cuadro: el cuerpo de Jacob y el árbol que hay detrás de la figura.