Gian Lorenzo Bernini. 1651. Piazza Navonna. Roma
Foto: Ruben Charles

Situada en el centro de la Piazza Navonna de Roma, es un magnífico ejemplo de fuente decorativa diseñada por Gian Lirenzo Bernini en 1651, bajo el papado de Inocencio X.

Gigante
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El emplazamiento del monumento se corresponde con el lugar en el que estaba la Spina del circo romano de Domiciano, del 86 d.c., sobre cuyos cimientos se edificaron las casas y edificios que configuraron esta célebre plaza romana.

La fuente se ubica en frente de la basílica de Santa Inés y forma parte de un proyecto de remodelación de la plaza de Inocencio X, cuyo palacio familiar se encuentra en una esquina de la misma.

Aunque finalmente la obra fue realizada por Bernini, en un primer momento se encargó a Francesco Borromini, arquitecto encargado de llevar la conducción de agua a la Piazza Navona en 1645.

Bernini había fallado en la construcción del campanario de San Pedro del Vaticano y había construido “demasiado” para la familia rival de los Pamphili, la familia Barberini, y como símbolo de rechazo Inocencio X decide excluir a Bernini del concurso para diseñar la fuente.

Caballo emergiendo
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No se sabe exactamente como consiguió Bernini hacerse con el encargo, sin embargo se cree que fue gracias a la intermediación de la cuñada del papa, figura clave para su nombramiento como papa de Roma, a quién Bernini regaló una maqueta del diseño de la fuente en plata y de 1,20 m de altura. Al ver la maqueta, el papa no dudó en darle el encargo a Bernini.

La fuente incluye un obelisco abandonado a las afueras de la ciudad que el papa ordena trasladar en 1948, similar al que hay delante de la plaza de San Pedro.

El monumento representa a los 4 ríos más importantes de cada continente para la época: el Danubio (Europa), El Ganges (Asia), El Rio de la Plata (América) y el Nilo (África).

El obelisco se sitúa en el centro de una masa rocosa en cuyas esquinas se sitúan los gigantes que representan a los ríos. Árboles y plantas que emergen del agua por entre las rocas, así como animales que aparecen por entre la masa rocosa que da unidad al conjunto, y entre los que distinguimos un león, caballo, cocodrilo, serpiente, dragón, etc.

Bernini incluye además en la fuente el símbolo de la famila Pamphili, la paloma, así como su emblema, sostenido por uno de los gigantes.

Con esta obra, Bernini quiere suscitar admiración en quien la mira, creando un pequeño universo en movimiento a imitación del espacio de la realidad natural, que debe ser recorrido en todo su perímetro para poder contemplarlo completamente.