Kirchner
Ernst Ludwig Kirchner. 1915. Óleo sobre lienzo. 70 x 61 cm. Allen Memorial Art Museum. Ohio
Foto: Wikimmedia

Este peculiar autorretrato de E.L. Kirchner (1880-1938) se enmarca dentro de la temática de su producción pictórica de retratos y autorretratos.

La obra que data de 1915 fue pintada cuando Kirchner contaba con 35 años de edad y se alistó voluntariamente en el ejército para aislarse del mundo artístico y buscar inspiración.

En julio de ese mismo año fue convocado como recluta de reemplazo para acudir al frente, pero su miedo a morir y su incapacidad física tras años de privaciones y alcohol le impedían soportar la disciplina militar, lo que le produjo una crisis psíquica de la que ya nunca se recuperaría completamente.

Como símbolo de su alejamiento voluntario del mundo del arte, del que había sido un gran activista participando en la fundación en 1905 del grupo expresionista Die Brücke, pintó este autorretrato en el que se representa a sí mismo con uniforme de soldado durante un breve permiso que pudo disfrutar en Berlín.

Kirchner se representa a sí mismo ataviado con el uniforme de artillería de campo y en un primerísimo plano con intención de asustar al espectador, y trasladarle así sus temores sobre la guerra.

La mano derecha del pintor es un muñón en carne viva, una herida de guerra falsa que refleja los miedos y obsesiones del artista, que desde el primer momento pensaba que si entraba en combate moriría en el campo de batalla. Con la otra mano sostiene el pincel con el que está pintando este cuadro.

La mirada perdida y la cara petrificada de terror configuran un rostro duro y expresivo reforzado por los angulosos párpados y cejas del pintor, que en ningún momento parece relacionarse con el personaje que incluye en el fondo, una prostituta.

Algunos han querido ver en la representación de esta mujer una forma de expresar la imposibilidad de que la modelo pueda ya inspirar en nada al pintor, que debe interrumpir su actividad artística por la guerra, y como símbolo también del temor del hombre ante la impotencia sexual, acentuada por su obsesión con la muerte, y con la posibilidad de tener que volver al ejército tras estos días de permiso.

Con este cuadro pondrá punto y final a su obra expresionista, en la que apreciamos la utilización antinatural de colores, la representación de figuras planas con poco interés por los volúmenes y las perspectivas, como se vé en la postura escorzada del pintor y la representación de la mujer, o las líneas gruesas que delimitan las figuras y los contornos.