Frederick. E. Church
Frederick. E. Church. 1861. Óleo sobre lienzo. 164 x 286. Museo de arte de Dallas. EE.UU.
Foto: wikimmedia

Esta obra pintada por Frederick Church (1826-1900) es un claro ejemplo de la producción de madurez de uno de los paisajistas de la escuela del río Hudson más reconocidos e influyentes.

Para pintar este sobrecogedor paisaje, Church se embarcó durante un mes en una goleta para recorrer las aguas del norte de Canadá, entre la península del Labrador y Terranova. En este viaje pudo ver de primera mano icebergs y conocer los colores, las texturas y los efectos lumínicos de estos grandes bloques de hielo flotando en el agua.

El cuadro representa el entorno en el que unos años antes, en 1847, la expedición de Sir John Franklin, que se perdió junto a su tripulación intentando encontrar el legendario paso del Noroeste por el océano ártico canadiense.

La búsqueda del barco y su tripulación se convirtió en una hazaña y una leyenda que alimentó la imaginación y las leyendas, en las que Frederick Edwin Church se inspiró para representar este cuadro.

El pintor nos muestra un paisaje típico del norte: desolado, frío e inhóspito en el que vemos los restos del naufragio de la expedición de Sir John Franklin en un entorno hostil, pero al mismo tiempo irresistible y hermoso.

Las formas y los colores de los icebergs protagonizan el paisaje que parece visto por un espectador situado en la entrada de la Bahía. Todo es enorme y misterioso donde los colores dirigen la mirada del espectador hacia las frías y mortales aguas del ártico, la frontera de lo habitable.

El color blanco es el leitmotiv visual, roto por los tintes naranja y marrón de la puesta de sol del horizonte a la izquierda del cuadro. A media distancia las aguas se tornan de color ocre ganando luminosidad conforme dirigimos nuestra mirada hacia la pequeña gruta que coforma el iceberg en la que el color verde, que sugiere frío y profundidad, se refleja en el hielo.

La inclusión del mástil de un barco que sugiere el naufragio del Franklin es un recurso que junto a la naturaleza abrupta y mística del entorno conforman una estética que “bebe” directamente de la tradición paisajística romántica, en la que la espiritualidad humana se enfrenta a la naturaleza, donde proyecta sus miedos y sensación de inferioridad.

Aunque cuando presentó la obra ya era un pintor reconocido la respuesta que obtuvo el cuadro entre el público fue variada y no pudo vender la obra, que finalmente adquirió un empresario del ferrocarril de Manchester.

Church formó parte junto con los pintores Thomas Cole, Asher Brown Durand, John F. Kensett, y Jasper F. Cropsey la conocida escuela de paisajistas del río Hudson, cuyos representantes gozaron de gran éxito comercial en la sociedad americana de mediados del siglo XIX.