Iman Maleki
Iman Maleki. 2003. Óleo sobre lienzo. 134 x 100. Colección particular
Foto: ChrisL_AK

Iman Maleki está considerado como el mejor exponente del hiperrealismo pictórico en la actualidad.

Nacido en 1976 en Teherán, se graduó en la Universidad de Arte de Teherán como diseñador, bajo las enseñanzas de Morteza Katouzian, su maestro dentro del hiperrealismo e iniciador de una generación de artistas excepcionales que han sabido sobrevivir a las trabas culturales del Irán de los Ayatolás.

La perfección de la técnica de Iman Maleki está al alcance de muy pocos pintores. Se dice incluso que es capaz de representar detalles con la minuciosidad y exactitud de una cámara fotográfica.

En sus cuadros refleja la sencillez y la crudeza del pueblo iraní, lo que añade algunos toques poéticos y surrealistas.

Su fascinación por la pintura le viene desde muy joven, graduándose con apenas 23 años y participando en exposiciones poco después de los 20 años.

Desde el año 2000 se dedica a enseñar su técnica teniendo en todo momento presente los valores clásicos y tradicionales de la pintura occidental.

El cuadro nos representa a una madre y una hija en la azotea de su casa. La madre se dispone a leer a su hija un libro, probablemente el corán.

Su título, los presagios de Hazed, nos remiten a la figura tradicional del hafiz o hazed, que es la persona que conoce el texto del Corán de memoria y lo recita a los suyos.

Esta figura se remonta a los inicios del Islam, el siglo VII de la era cristiana, cuando los compañeros de Mahoma escuchaban y aprendían de memoria los versículos del profeta y los transmitían a su vez a los suyos.

Hasta 30 años después de muerto Mahoma no se manda escribir una versión del Corán, por lo que esta forma de transmisión pervivió durante bastante tiempo.

En la actualidad “Hazed” es utilizado indistintamente como nombre para hombre o mujer.

En este caso el artista juega con las palabras y titula el cuadro los presagios de Hazed, que bien puede hacer referencia al nombre de la madre o a la acción de la madre de leer el corán a su hija, emulando a la tradición antigua.

Pero no es la temática ni la comunicación entre los personajes lo que preocupa al pintor. Su verdadero reto es alcanzar un resultado de máximo realismo a través de un virtuosismo que lo caracteriza como pintor.

La técnica es minuciosa y de gran exactitud, fruto del trabajo exhaustivo en la búsqueda de los matices de color que componen los objetos y la incidencia de la luz sobre ellos.

Cuida hasta el más mínimo detalle rozando la perfección, más propia de la fotografía que de la técnica al óleo.