Cúpula de Goya pintada por Francisco de Goya
Francisco de Goya. 1780. Basílica del Pilar de Zaragoza
Foto: galeria de zaragoza turismo

Esta cúpula, pintada por Francisco de Goya, es sin duda el más conocido de todos los frescos que decoran las techumbres de la Basílica del Pilar de Zaragoza.

El cabildo Zaragozano encargó a Francisco Bayeu asegurar la unidad estilística de todas las bóvedas que rodeaban a la que había sobre la Santa Capilla y que había sido pintada por Isidro González Velázquez en xxxx

Bayeu eligió a Goya y a su propio hermano Ramón Bayeu para ejecutar los encargos.

En 1790 el cabildo recibió todos los bocetos de la decoración, incluidos los de la cúpula en la que Goya representó a la “Santísima Virgen María Reina de los Mártires”.

Goya representó a la Virgen María aparece rodeada de ángeles, Santas y Santos Mártires. La escena se desarrolla en un espacio celestial simulado y repleto de nubes, que ilumina con una luz anaranjada que incide en lo sobrenatural de la escena.

Goya pretende eliminar la arquitectura para que el espectador, al elevar su mirada hacia la cúpula, contemple el cielo, presidido por la madre de Dios como reina de los mártires de la cristiandad.

Desde el punto de vista conceptual el proyecto gustó mucho al cabildo, que tuvieron más reparos en otros temas, como la materialización formal de la obra.

Goya planteó una novedad que no gustó al cabildo: la forma de pintar del genio aragonés. Pintaba a grandes brochazos componiendo grandes manchas de color en un dibujo impreciso que daba la sensación de estar sin terminar.

Las largas y empastadas pinceladas conforman unas figuras apenas esbozadas que no necesitan de gran definición para ser percibidas por los fieles. Esto no gustó nada al cabildo, que al subir a los andamios para comprobar el estado de las pinturas pensaron que estaban sin acabar.

Pechina

Además Farncisco Bayeu no quiso aprobarle los bocetos para las pechinas, en las que representó las virtudes fe, fortaleza, caridad y paciencia.

Estas desavenencias con el cabildo y con su cuñado provocaron gran desasosiego a Goya, que marcha de nuevo a Madrid, harto de sentirse inferior a la figura de su cuñado, un pintor artísticamente muy inferior a él.

La forma de pintar libre y rápida centrada en la iluminación y el color más que en el dibujo perfecto y la composición estaban demasiado alejadas de los gustos clasicistas de la época y del carácter conservador y provinciano del cabildo Zaragozano.