Juan muñoz en la exposición "El factor grotesco"
Juan Muñoz. 2000. Resina sintética. Exposición Museo de arte Reina Sofía año 2009
Foto: Hormigaciones

Dos hombres sentados hablando es una de  las obras emblemáticas de Juan Muñoz (1953-2001), artista del que también se ha seleccionado una obra suya para incluirla en la exposición que mañana, día 22 de octubre de 2012, se inaugura en el Museo Picasso de Málaga bajo el título “El Factor Grotesco”·

Juan Muñoz es uno de esos artistas contemporáneos españoles que ha logrado gran reconocimiento nacional e internacional, y cuya obra está presente en los museos más importantes del mundo.

La obra de este genial escultor es inclasificable. Aunque es obvio que es figurativa, habría que matizar que tratándose de un artista contemporáneo eso es casi una rareza.

De hecho una de sus principales aportaciones a la historia del arte es la de haber sido capaz de incorporar lo figurativo al terreno del arte conceptual, sin que la crítica lo haya catalogado dentro de una tradición figurativa obsoleta.

En este caso se trata de dos hombres sentados en sendas sillas, colocadas en lo alto de una pared. Uno de los hombres se dirige al otro hablándole al oído, al que llegan una serie de siluetas entrelazadas que parten de su boca, y que representan la confidencia de la que le está haciendo partícipe.

La disposición de las figuras tiene un cierto aire teatral, incluso parece un juego ilusionista, gracias a la perspectiva que consigue colocándola en lo alto de una paerd.

Pero si hay algo que caracteriza al artista es el diálogo que establece entre las figuras que componen sus obras grupales, extrañas e inquietantes, son conocidas como “escenas de conversación”, de las que éste es uno de los mejores ejemplos.

En este caso, como en muchos ejemplos similares, las figuras, anónimas y de rasgos genéricos y despersonalizados, se reúnen y muestran su interacción con los demás. Los rostros de las figuras no son retratos, casi parecen calcados unos de otros y tienen en sus rasgos y apariencia un cierto aire orientalizante muy característico del autor.

Estas figuras modeladas con gran naturalismo en papel maché, resinas sintéticas e incluso bronce, representan a acróbatas, enanos, bailarinas o personajes orientales, además de sus conocidas figuras humanas con base esférica, todas ellas monocromáticas, en gris plomo o color parafina, que acentúan la ausencia de individualidad de las figuras que se convierte en un rasgo que incomoda e inquieta al espectador.

Juan Muñoz siempre pretendió que quienes contemplaran su obra formaran parte de ella a modo de “actores inmóviles”, como si fuera la obra la que los contempla a ellos y no al revés.

Aún a pesar del carácter perturbador de sus figuras e imágenes, Juan Muñoz supo reflejar como pocos un amplio espectro de empociones humanas, desde lo absurdo e irracional, hasta lo mordaz y humorístico.