Serie de Giuseppe Arcimboldo sobre las estaciones
Giuseppe Arcimboldo. 1573. 73 x 64. Óleo sobre lienzo. Musée du Louvre
Foto: Wikimmedia

Las estaciones de Giuseppe Arcimboldo (1527-1593) es la serie de obras más conocida del pintor lombardo, reconocido por ser el que representaba el rostro humano a partir de flores, frutas, plantas, animales u otros objetos.

Es considerado por muchos como el primer pintor surrealista de la historia del arte. Más allá del debate científico sobre esta cuestión, lo cierto es que podemos vislumbrar en las obras de Arcimboldo una cierta actitud surrealista, tanto en la extravagancia de sus retratos, como en la agrupación y asociación de elementos de naturaleza diferente.

Arcimboldo representa los hipotéticos rostros de las estaciones mediante elementos típicos de cada una de ellas. Así, el rostro de la primavera está formado por flores, el verano tiene rostro de frutos y cuerpo de trigo, mientras que el otoño es un curioso compendio de hojas caídas, setas, y frutos de cosecha.

La primavera (arriba izda)

Es el único cuadro del artista que se conserva en España, en la Real Academia de Bellas artes de San Fernando.

El artista se sirvió en este caso de los elementos típicos de la estación primaveral: flores de todo tipo, como rosas, margaritas, amapolas, azucenas para componer la cara, y lirios, manzanilla o lechuga para formar el rostro de una joven.

El verano (ariba dcha)

Como en toda la serie se sirve de vegetales típicos, en este caso del verano para conformar el rostro de un hombre, en el que distinguimos melocotones, cerezas, ajos, pepino, pera, maíz o ciruelas.

En este caso el artista incluye la firma y la fecha del cuadro, en el cuello y la manga de la indumentaria de paja del personaje, como vemos en este caso pertenece a la serie de 1573.

El otoño (abajo izquierda)

En este caso nos incluye todo un catálogo micológico, con una variada representación de setas de todo tipo, además de vides, calabazas, pimientos y cebollas.

El invierno (abajo dcha)

En el caso del invierno nos encontramos con una imagen inquietante, ya que compone el rostro a base de raíces y troncos secos, además de una representación de frutos típicos de esta época como los limones y las naranjas.

Se trata del último cuadro de la serie y tal vez el retrato más complejo e indescifrable de la serie, en el que se entremezclan elementos claramente secos y fríos, como la corteza que forma la cara, con otros más cálidos y vivos, como las hojas de la caballera y las dos frutas que cuelgan del cuello. Parece como si el pintor se negase a pintar de forma amable a la estación más dura y hostil de las cuatro.