Escultura de San Longinos en San Pedro del Vaticano
Gian Lorenzo Bernini. 1629. Mármol. San Pedro del Vaticano. Roma
Foto: Wikimmedia

La escultura de San Longinos que talló Bernini para San Pedro del Vaticano se encuentra en una de las hornacinas de los pilares sobre los que apoya la gran cúpula de la Basílica y bajo la cual se colocó el magnífico Baldaquino de San Pedro del Vaticano.

Esta escultura es una obra de madurez del genial artista Barroco Gian Lorenzo Bernini, quién en la etapa final de su producción artística como escultor se ocupó casi de forma exclusiva de tallar obras religiosas.

Con esta obra Bernini rompe con uno de los mitos que generó Miguel Ángel para dignificar su condición de artista, y que no era otro que para considerar una escultura como una obra maestra, el escultor debía de ser capaz de “extraerla” de un solo bloque de piedra.

En este caso Bernini huye de esta concepción y compone esta obra uniendo múltiples piezas: cabeza, tronco, extremidades y la parte delantera y posterior del manto.

Las obras escultóricas de Bernini están concebidas en profundidad y para ser contempladas desde un único punto de vista.

Bernini hará una utilización del mármol muy novedosa buscando transmitir texturas a través de los ropajes, cuya entidad trasciende su simple condición de ropajes, y se convierte en un elemento que dota a la imagen de gran realismo y movimiento.

La pesadez y entidad de estos ropajes hace que para que el cuerpo de San Longinos “emerja” de entre las telas debe de estar en máxima tensión, que se nos muestra contenida pero que dota a la imagen de esa sensación de esfuerzo y tensión muscular.

Bernini demuestra con esta obra su dominio y maestría de la escultura con la estudiada composición de la obra, en la que la lanza y los brazos del santo se contraponen acentuando la sensación de movimiento de la figura de San Longinos, ejecutada con un  naturalismo que recuerda a las esculturas griegas del período helenístico,

El otro aspecto destacable es la expresividad de la cara de San Longinos, cuya expresión contenida y dignidad trasluce el sentimiento de culpa de este personaje histórico, que fue quién clavó la lanza a Jesucristo cuando estaba crucificado, abriéndole la herida del costado en la que Santo Tomás tuvo que meter los dedos para confirmar  que había resucitado.