Juana la Loca por Francisco Pradilla en el Museo del Prado
Francisco Pradilla. 340 x 500 cm. Óleo sobre lienzo. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Doña Juana “la loca” es considerada una de las obras maestras de Francisco Pradilla (1848–1921) .

Este cuadro de gran formato fue su segundo intento para conseguir la pensión en la Academia de España en Roma. Fue tanto el éxito de la obra que además le otorgaron la Medalla de Honor en la Exposición Nacional de Bellas Artes de 1878, y una medalla de honor en la Exposición Universal de París de ese mismo año.

Este cuadro es uno de los cuadros históricos más conocidos del arte español y representa una escena del traslado del cuerpo de Felipe el Hermoso desde Burgos a Granada, tras su muerte en 1506.

Cuenta la historia que Juana era una mujer de carácter piadoso y un poco obsesivo respecto a la religión, que en el caso de la relación con su esposo se tradujo en unos celos enfermizos.

En diciembre de 1506, 3 meses después de haber fallecido el entonces rey consorte de Castilla, Felipe el Hermoso, doña Juana decide trasladar sus restos a Granada para ser enterrado en la Capilla Real.

El traslado lo hizo ella personalmente, en pleno invierno, junto a un reducido cortejo de frailes, algunas criadas ancianas y soldados armados, que tenían el encargo de no permitir que ninguna mujer joven de los pueblos por los que atravesaban pudiera acercarse al cadáver de su marido.

Una de las paradas fue en un monasterio. Cuando Juana se dio cuenta de que se trataba de un claustro de monjas ordenó que se sacara de allí el cadáver y que se acampara en pleno campo. Este es el momento que eligió Pradilla para inmortalizar en este lienzo.

En el centro del cuadro vemos a la reina Juana I de Castilla, con evidentes signos del embarazo que estaba gestando, mirando con ojos cansados y enfermizos el féretro de su esposo cubierto con un paño bordado con las armas imperiales.

Al fondo a la derecha vemos el monasterio de monjas.

Se intuye el frío de la meseta en el soplo de viento en la ráfaga que empuja la llama de la hoguera y el manto de la reina.

Los varones de la comitiva permanecen de pie y las mujeres sentadas contemplando a la reina. Al fondo algunos personajes masculinos formando corros de conversación se muestran indiferentes y aburridos ante la esperpéntica escena.