Cuadro de la balsa de La Méduse pintado por Theodore Géricault
Theodore Géricault. 1818. Óleo sobre lienzo. 491 x 717. Museo del Louvre. París.
Foto: Wikimmedia

La Balsa de la Medusa, “Le Radeau de la Méduse”, es una de las obras maestras del romanticismo y de las principales del pintor francés Théodore Gericault (1791–1824).

Representa el momento del rescate de una fragata francesa, La Méduse, que había encallado frente a las costas de Mauritania en julio de 1816.

La selección del tema fue muy inteligente por parte del pintor. Seleccionó un acontecimiento relevante que pudiera generar interés en el público para atraer visitantes y le ayudara a lanzar su carrera como pintor.

Fue exhibida con gran éxito en el Salón de París de 1819, en el que los elogios y las críticas se contabilizaban en igual número. Gericault lo había conseguido: nadie quedó indiferente y su fama y reputación como artista creció considerablemente, a pesar de contar con tan sólo 27 años cuando pintó esta obra.

El naufragio de la fragata enseguida sedujo al artista, quién se documentó exhaustivamente sobre el acontecimiento, entrevistó a supervivientes, elaboró numerosos bocetos preparativos, y hasta construyó un modelo a escala de la balsa.

La visión que nos propone Gericáult es terrible, con la balsa medio deshecha por el oleaje, los cuerpos de los muertos putrefactos desperdigados en una balsa que está parcialmente hundida, y que apenas cuenta con una vela hecha jirones para no quedar completamente a la deriva.

Los hechos cuentan que la fragata partió hacia Senegal para aceptar la devolución de la colonia de Senagal de manos de los franceses tras la “Paz de París”. La méduse, estaba capitaneada por un francés emigrado que había accedido al puesto gracias a un favor político, a pesar de no contar con la habilidad y la experiencia necesarias para gobernar la nave.

En un esfuerzo por intentar llegar antes se adelantó a las otras naves de la expedición, pero debido a su velocidad se desvió del rumbo algo más de 60 millas y encalló en un banco de arena. A pesar de los esfuerzos por liberar el barco finalmente los pasajeros deciden abandonarlo y viajar las 37 millas que los separan de la costa en los botes salvavidas.

Como la fragata contaba con botes para 250 de los 400 pasajeros se tuvo que improvisar una balsa de 20 metros de largo donde se apiñaron los restantes supervivientes, y que es el motivo que Géricault eligió para representar este trágico suceso.

La composición de la obra es completamente asimétrica, buscando en todo momento una cierta sensación de desorden, a pesar de estar perfectamente estudiada. Es una composición piramidal sobre una base inestable, con dos planos diferenciados: la balsa y el paisaje del fondo.

Con la línea ascendente que parte del cadáver de la izquierda con las piernas en el agua y que va hasta el marino que agita un trapo en la parte superior, el artista quiso marcar la sucesión de sentimientos experimentados por los náufragos: desde la desesperación y muerte a la esperanza en el rescate, que también representa con las nubes negras de la izquierda frente al cielo luminoso de la lejanía.

Para acentuar el dramatismo de la escena se sirve de una pincelada suelta y unos contornos poco definidos, además de la utilización de una paleta de colores pardos claros y oscuros.

Esta obra marcará un antes y un después en la evolución de la pintura porque logró alcanzar una intensidad formal y emocional nuevas, que marcarán algunas de las bases de la pintura del movimiento romántico.