Lámina de la serie "las artes" del artista checo Alfons Mucha
Alfons Mucha. 1898. Litografía 60 x 38. Museo Alfons Mucha. Praga

Este cartel se corresponde con “La Música”, perteneciente a la serie de láminas que el artista checo del modernismo, Alfons Mucha, dedicó a las artes liberales.

En este caso, y al igual que sucede con sus series dedicadas a las estaciones, las joyas, las flores o los momentos del día, las protagonistas de las láminas son mujeres. A medio camino entre diosas y niñas inocentes, que casi parecen hadas.

La realidad es que nos las presenta a todas enigmáticas y sensuales, configurando una línea estética muy particular del pintor, y que es la que “bebe” directamente del Art Nouveau.

Esta serie se compone de cuatro láminas: la Danza, la Música, la Pintura y la Poesía, personificadas a través de sensuales mujeres que manifiestan el estado de ánimo que les provocan cada una de estas artes liberales, sin necesitar representar en la imagen ningún elemento diferenciador de estas actividades.

Los marcos, con representaciones geométricas de inspiración bizantina, se mezclan con ropajes vaporosos y elementos naturales que le sirven para equilibrar la composición y el diseño.

En esta época, el mundo del diseño vivió una auténtica revolución, fruto del rechazo de las innovaciones de la revolución industrial y la consiguiente puesta en valor de una estética inspirada en la naturaleza, lo orgánico y en formas y líneas curvas.

En este caso, La Música, nos la presenta con una túnica que deja al descubierto sus pechos mientras mira directa y sensualmente al espectador, en una actitud insinuante y provocativa muy conseguida y característica de sus figuras femeninas.

Alfons Mucha se crió en la región de Moravia y ya desde pequeño demostró gusto por la pintura y el dibujo, que le sirvieron para trabajar durante algunos años como pintor de escenarios teatrales antes de terminar su formación artística en Viena.

En la década de los 90 se traslada a París y tras culminar el cartel de Gismonda, una obra teatral protagonizada por la famosa actriz de la época Sara Berndhardt, alcanzó gran fama y renombre en todos los círculos artísticos del París de fin de siglo.

Pronto creó un estilo propio y fue imitado, llegándose a hablar de un “Mucha Style”, una corriente de producción gráfica muy comercial de la que el propio artista renegaba y procuraba alejarse, lo mismo que del modernismo “oficial”, manifestando su interés por que el arte exista como un mensaje espiritual.

En esta época se dedicó a dignificar la pintura y su tierra con la realización de un ciclo monumental dedicado a la historia de los checos y otros pueblos eslavos, “La Eslava Épica”, que pintaría entre 1910 y 1928.