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Claudio de Lorena. 1648. Óleo sobre lienzo. 150 x 197. National Gallery. Londres
Foto: Wikimmedia

Este paisaje de Claudio de Lorena (1600-1682) es uno de los más conocidos del pintor, y en cualquier caso un magnífico ejemplo de sus paisajes ambientados en temas mitológicos o religiosos.

Entusiasmado con todo lo que recuerde a la antigüedad grecorromana, le gustaba representar en sus cuadros ruinas de edificios clásicos y monumentos solemnes del momento, bañados por una luz suave que desdibuja y suaviza levemente los contornos.

En el cuadro vemos una escena de un puerto al amanecer. Las ruinas clásicas de la parte izquierda se mezclan con otros edificios de la época del pintor, a la derecha, recreando de forma ensoñadora un paisaje idílico en el que la luz de primeras horas de la mañana va iluminando la escena y dirigiendo la mirada del espectador hacia el horizonte.

Decenas de figuras y pequeñas escenas se esparcen por el cuadro, pasando desapercibidas para el espectador y quedando como elementos anecdóticos del cuadro a los que la luz y el espacio que componen el paisaje han robado el protagonismo, transmitiendo el conjunto gran serenidad y paz.

Claudio De Lorena es uno de los primeros paisajistas reconocidos en la historia del Arte y recurría a menudo a esta fórmula de representar puertos de mar con la luz proveniente del sol en el horizonte como protagonista, y que en este caso representa en el momento inicial del día en el que los rayos del sol empiezan a brillar con fuerza a través de la bruma de la mañana.

La temática escogida para este cuadro gira en torno a la figura mítica de la Reina de Saba, referida en la Biblia como gobernante del Reino de Saba, un antiguo reino localizado en los territorios actuales de Etiopía y Yemen.

El pintor selecciona una escena inusual en la iconografía: el viaje de la Reina a Israel. El artista puso gran cuidado en todos los detalles destacando las imponentes columnas de orden corintio de la izquierda, el galeón, la mujer pobre y el muchacho recostado observando la escena.

La contraposición de la claridad del sol, en el centro de fuga del cuadro, y la oscuridad de las arquitecturas del primer plano provocan un efecto de profundidad característico en el pintor, que además demostró gran habilidad en la utilización de colores progresivamente más fríos en dirección al fondo del cuadro para incentivar la sensación de profundidad.