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Anton Rafael Mengs. 1772. Óleo sobre tabla. 256 x 190 cm. Museo del Prado. Madrid
Foto: tuitearte

Esta adoración de los pastores es una de las tres versiones del mismo cuadro que Anton Rafael Mengs (1728-1779) pintó por encargo de Carlos III. Esta se conserva en el Museo del Prado y es la tercera de ellas, la que pintó en Roma sobre tabla de roble.

El cuadro se corresponde con su etapa como pintor de la corte de Carlos III, para quién trabajó desde 1769 en el embellecimiento de los palacios reales de Madrid y de Aranjuez

Con esta obra el pintor pone de manifiesto su gusto por el mundo clásico en el que las figuras del cuadro componen un espacio que apenas queda sugerido por la presencia de una columna.

Temáticamente es una adoración con todos los elementos tradicionales, San José sentado de lado y adelantado sobre el grupo de la Virgen y el niño, que centran la atención al colocar el punto de luz en el niño, iluminando a la virgen, los rostros de los pastores y los ángeles de la parte superior.

El dominio del dibujo y la perspectiva queda demostrado en esta obra, en el que los personajes son de lo más variado, demostrando el acierto del pintor a la hora de colocarlos, compensando los grupos de figuras con una precisión matemática que da como resultado una composición muy equilibrada.

Los personajes de la parte inferior transmiten sosiego, en sus posturas y en sus rostros. Incluso el propio Mengs, que se autorretrató en la parte izquierda del cuadro, detrás de San José, y que contrasta con el movimiento escorzado de los ángeles en la parte superior del cuadro.

En la utilización del colorido retoma la estética renacentista, especialmente en la utilización de los rojos, azules y amarillos. La iluminación está claramente inspirada en la escuela veneciana, al igual que la iluminación, con el niño Jesús como foco y fuente de luz, generando interesantes juegos de luces y sombras que van introduciendo a los numerosos personajes representados por todo el cuadro.

Mengs planeaba a conciencia todos los detalles de sus cuadros, realizando numerosos dibujos, estudios y apuntes de todos los detalles del cuadro. Esta obra tuvo mucho éxito. A las tres versiones que pintara el propio Mengs, habría que unirle los grabados de la misma que hicieron Raffaello Morghen en 1791 y Giovanni Rosini en 1848, y las siete copias al óleo que se han localizado en distintas instituciones museísticas de todo el mundo.