René magritte, arte, pintura, cuadro, tuitearte, historia del arte, surrealismo, paisaje nocturno
René Magritte. 1953. Óleo sobre lienzo. 38 x 46 cm. Galeria Alexandre lolas. París
Foto: Cea.

Esta obra es una de las versiones de este motivo que el pintor surrealista belga René magritte (1898-1967) realizó al final de su carrera, y que tituló a todas de la misma manera: El imperio de las luces.

El motivo que se ve en todos ellos es muy similar. Simplemente cambia el enfoque, la perspectiva o el ángulo. Se trata de una casa o grupo de edificaciones iluminados por la luz eléctrica del interior de las casas, o por los faroles de la calle que nos iluminan sus fachadas.

Lo insólito del cuadro es el cielo. Al representar construcciones iluminadas por luz artificial parece que debería de tratarse de un paisaje o vista nocturna. Y no es así, ya que se trata de un cielo azul diurno con las nubes algodonadas típicas de Magritte.

Sin embargo, y a pesar de la evidente contradicción, el resultado no es tan explícito. Requiere de un examen detenido de la obra hasta que reparar en ello, especialmente en versiones en las que la vista es más cercana.

El indudable atractivo de estas obras se debe entre otras cosas al minuciosa realismo de los detalles de la escena para hacerla más inquietante y enmascarar la imposibilidad de la representación: un cielo diurno y una vista nocturna.

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Fachada del museo Magritte. Bruselas
Foto: Wikimmedia

En algunas de las versiones sitúa la escena al borde de un lago para jugar con el efecto del reflejo de la luz eléctrica en el agua. En otros casos introduce elementos vegetales como árboles para enmascarar parcialmente las fachadas, o vegetación verdosa que produce un efecto engañoso como si se tratase de la primera hora del crepúsculo.

En esta versión, la de 1953 aleja la vista sacrificando los detalles por un mayor contraste y efectismo entre la luminosidad del cielo y las sombras nocturnas de la parte inferior, acentuando lo enigmático del conjunto.

Estos contrastes de luces y sombras, y el juego psicológico derivado de ellas le permitió conseguir una imagen surrealista de gran fuerza expresiva.

Magritte estaba fascinado por la relación de contrarios que generaban el día y la noche, que le suscitaban e inquietaban de igual manera, y que supo plasmar perfectamente en estas obras, cuya sensación de quietud y paz, suscitan precisamente lo contrario en el espectador.