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Richard Estes. 1975. Óleo y acrílico sobre lienzo. 91 x 121 cm. The Nelson Atkins Museum. Kansas City
Foto: Trinity

Este cuadro es obra de Richard Estes, (1932) uno de los fundadores del movimiento pictórico fotorrealista estadounidense de finales de los años sesenta, del que destacaron figuras como Malcom Morley, Chuck Close y Duane Hanson.

Sus obras se caracterizan, además de por la virtuosa capacidad para representar una realidad casi fotográfica, por hacerlo a través de los reflejos de la ciudad en escaparates, espejos, metales o cristales de vehículos.

Tuvo cierta predilección por pintar vistas de Manhattan, aunque pintó vistas de ciudades de todo tipo y en numerosos países: Barcelona, París, Venecia, Chicago, San Francisco o Córdoba.

La pintura fotorrealista se caracteriza por aspirar a una nitidez atmosférica de gran precisión, para lo cual se basa en fotografías, que en el caso de Richard Estes hacia y revelaba él mismo.

Richard Estes hacía unas vistas panorámicas que es imposible que sean captadas por una única fotografía. El artista necesitaba varias vistas del lugar y jugaba con ellas hasta componer la imagen definitiva que resultaba a modo de ilusión óptica, basada sobre todo en el énfasis que concede a los reflejos.

En este sentido siempre ha intentado que no lo cataloguen como pintor hiperrealista. A él le gusta que le consideren simplemente un pintor, pues en sus obras siempre construye una imagen original gracias a su maestría con el dibujo y el tratamiento de la luz, aunque para ello utilice numerosas fotografías que le sirven de base.

El cuadro actúa a modo de espejo en el que las refracciones visuales se quiebran y se superponen hasta el punto de no ser capaces de distinguir, entre tanto engaño, qué es realidad y qué es reflejado.

En este caso advertimos que lo que se ve es el reflejo de la ciudad a través del ventanal de una típica cafetería americana, aunque en algunos momentos no sabemos con exactitud si la vista es desde dentro del cuadro o desde afuera.

Sus cuadros representan los motivos de un urbanita que ama la urbe en la que vive, Nueva York. Por este motivo encontramos en sus obras automóviles, carteles publicitarios, escaparates o ventanales que le sirven para hacer sus juegos visuales, unos juegos que le sirven al pintor para reflejar un mundo invertido, fragmentado y distorsionado.