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Lorenzo Ghiberti. 1425 – 1452. 5,20 x 3,10 m. Bronce Dorado
Foto: (copia de la catedral de San Fr ancisco) Wikimmedia

Estamos ante la obra cumbre de Lorenzo Ghiberti (1378 – 1455), un artista italiano del Quatroccento que participó junto a Bruneleschi en el concurso que se convocó en 1401 para decorar las segundas puertas del Baptisterio de la Catedral de Florencia.

Al producirse un empate en la votación, Bruneleschi renunció y finalmente fueron ejecutadas por Ghiberti. Tuvieron tanto éxito que poco después el gremio de comerciantes de la ciudad le encargó tallar éstas terceras puertas, que posteriormente serían bautizadas por Miguel Ángel como “las puertas del Paraíso“, y que terminó en 1452 tras más de 25 años de trabajo.

Las puertas tienen una altura de 5,20 m de altura, 3, 10 de anchura y un grosor de 11 cm. A diferencia de las primeras puertas ejecutadas por Andrea Pisano (puertas Norte) y el Propio Ghiberti (puertas Sur), en las que las escenas se incribían en medallones cuatrifoliares, 14 en cada hoja de las puertas, éstas terceras puertas incluyen tan solo 5 escenas rectangulares en cada hoja.

Cada uno de los paneles incluye un bajorrelieve de bronce y oro con pasajes del antiguo testamento, en los que utiliza técnicas compositivas y de perspectiva plenamente renacentistas. Para conseguir esa perspectiva introduce en los fondos arquitecturas clásicas a modo de escenografía. Además adapta la técnica del relieve para acentuar esta sensación de profundidad mediante la superposición de altos, bajos y mediorelieves.

Las escenas son (de arriba hacia abajo y de izquierda a derecha): la creación de Adán y Eva, Caín y Abel, Noé y el Diluvio Universal, El sacrificio de Isaac, La historia de Isaac con Essaú y Jacob, la historia de José vendido por sus hermanos, Moisés recibiendo las tablas de la ley, Josué y la caída de Jericó, la lucha entre David y Goliat y la visita de la reina de Saba al templo de Salomón.

Las figuras se adaptan a los cánones de la perspectiva puramente renacentistas, abandonando cualquier recuerdo del gótico, y representando las escenas con un detallismo y naturalismo típico del Quatroccento.

En los marcos laterales y en los listones de separación de las escenas incluye pequeñas figuras bíblicas, motivos de decoración vegetal y bustos de personajes de la época, entre los que se incluye un autorretrato del propio escultor, reivindicando su condición de artista creador de la obra, y no de mero artesano ejecutor, que constituyó una de las principales luchas de los grandes maestros del renacimiento.