Alfred Kubin
Alfred kubin. 1905. Dibujo a plumilla sobre cartón. 26 x 36 cm. Colección particular. Viena.
Foto: Cea.

Este “tétrico” grabado titulado Black Mass, misa negra, es obra de Alfred Leopold Isidor Kubin (1877 – 1959) un artista expresionista austríaco, que destacó como grabador e ilustrador, además de como escritor.

Kubin era originario de Bohemia, entonces integrada dentro del imperio austrohúngaro, en lo que hoy es la República Checa. Estudió Bellas Artes en la Academia de Munich y comenzó a colaborar para diversas publicaciones y revistas.

Al terminar sus estudios empezó comenzó su producción artística pintando al óleo, técnica que nunca le gustó y que fue abandonando progresivamente a favor del dibujo, las acuarelas y distintas técnicas de grabado como la litografía.

Fue uno de los participantes en la exposición de 1911 que organizó el grupo de expresionistas alemanes Der Blaue Reiter, integrada por algunos artistas como Paul Klee o Franz Marc, que ademés eran buenos amigos del pintor.

Sus obras destacan por su expresionismo y tono de terror que lo han llevado a ser comparado con el Goya de las pinturas negras, o con James Ensor.

Le gustaba pintar por series sus fantasías, sus temas de brujería y magia relacionados con la muerte, y otros cuadros de difícil catalogación cargados de simbolismo.

En este caso vemos un dibujo inquietante en el que un grupo de esqueletos en formación militar, ataviados con un hábito negro y sosteniendo una espada en alto se disponen a iniciar una misa negra o aquelarre, del que no tenemos más referencia que el título de la obra.

Las misas negras son concebidas como parodias de la Misa Católica cuyo principal objetivo es la profanación de la hostia mediante ritos en los que se utilizaban animales como sapos, cabras, o se incluían prácticas sexuales con vírgenes.

En el caso de Kubin no se centra en detalles macabros para generar inquietud o pavor. Le basta con el uso que hace de la luz y la creación de atmósferas terroríficas. Esta utilización de la luz,  cuyo origen a veces imposible e ilógica, convierte a las escenas casi en pariciones en el vacío, que sirven al artista para motivar ese sentimiento de terror en el espectador.

Se reconoce la influencia de este artista en pintores surrealistas, como Dalí, y en cineastas como Murnau (“Fausto”) o Robert Wiene (“El gabinete del Doctor Caligari”).