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Diego de Velázquez. 1634. Óeo sobre lienzo. 310 x 370. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

La Rendición de Breda, o las lanzas, es un famoso cuadro pintado por Diego Velázquez entre 1634 y 1635 que puede contemplarse en el Museo del Prado en Madrid.

El cuadro representa la capitulación de Justino de Nassau el 5 de junio de 1635 ante las tropas de Ambrosio de Spinola que al frente de 40.000 hombres reconquistó la ciudad perdida en 1590 de manos de Mauricio de Nassau-Orange.

Este cuadro forma parte del conjunto de 12 cuadros sobre diferentes batallas que se destinaron a decorar el Salón de Reinos del Palacio del Buen Retiro, y que fueron ejecutados por los principales artistas de la época: Vicente Carducho, Jusepe Leonado, Juan Bautista Maino y Antonio de Pereda.

Velázquez resuelve la escena colocando a los dos personajes principales en el centro del cuadro en una actitud mñas cercana a un diálogo entre amigos que a una capitulación como tal. En ningún momento carga las tintas con los vencidos ni con el acto en sí, apartándose de la representación tradicional de los héroes militares

Justino de Nassau, a la izquierda, está ataviado con un coleto y calzón de color parduzco con adornos. Porta las llaves de la ciudad.

Destacan las lanzas de ambos lados del cuadro, de ahí que se conozca con este otro nombre. Además vemos como Velázquez caracteriza individualmente los rostros de todos los soldados, que parecen auténticos retratos.

A la izquierda hay soldados holandeses armados solo con unas cuantas alabardas adornadas, mientras una gran columna de humo se alza detrás de ellos. A la derecha podemos observar a oficiales españoles quitándose el sombrero para señalar este momento ceremonial.

En esta como en otras obras del pintor, nos demuestra su capacidad de representar la clemencia y la compasión hacia el vencido pero huyendo en todo momento de mostrar la humillación.

La llave es el elemento central del cuadro pues simboliza la capitulación y la rendición de la ciudad ante las tropas del rey de España Felipe IV.

Como buen pintor barroco a Velázquez le gustaban las composiciones abigarradas, el naturalismo en lo representado, las posturas sinuosas y los contrastes de luz, color y sombras.

Velázquez intenta hacer partícipe al espectador para lo que recurre a ciertos recursos, como figuras que miran fijamente al espectador, haciéndolo partícipe de la escena.