Beethoven Frieze
Gustave Klimt. 1902. Edificio de la Secession. Viena
Fotografía

En el interior del edificio de la Secession que veíamos en la anterior píldora se expone actualmente esta original obra del que fuera primer director del grupo de artistas: Gustave Klimt.

La obra fue expuesta por primera vez en 1902 con motivo de un homenaje que se hizo al compositor alemán durante la catorceava exposición de la Secesión Vienesa. En la exposición el friso era un mero complemento de una escultura del homenajeado, esculpida por Max Klinger.

Al ser concebida como una obra efímera Klimt no la hizo con la técnica del buon fresco, sino que aplicó la pintura directamente sobre la superficie del muro, lo que ha perjudicado seriamente a su conservación.

El programa iconográfico se inspiró en la novena sinfonía del gran genio alemán Beethoven.

El panel “el anhelo de felicidad” representa los sufrimientos de la humanidad: el género humano apela al caballero como fuerza exterior, y a la compasión y la ambición como fuerzas interiores que impulsan al hombre a luchar por la libertad y la felicidad. En otro panel se encuentran representadas las fuerzas contra las que debe luchar el caballero -como el gigante Tifeo acompañado de sus hijas, las tres gorgonas, desnudas y con sus cabellos representados como serpientes-.

Sobre las gorgonas encontramos a la Enfermedad, la Locura y la Muerte, representadas como caras femeninas deformes. A su derecha la lujuria, una femme-fatale desnuda que mira insinuante al espectador mientras cubre su cuerpo con sus cabellos rojos.

Para representar la Impudicia y la Incontinencia Klimt se sirvió de una mujer obesa con el torso desnudo vistiendo una falda de azul y dorados son.

Beethoven Frieze
Gustave Klimt. 1902. Edificio de la Secession
Fotografía: Wikimmedia

El panel dedicado al anhelo de felicidad -titulado el anhelo de felicidad encuentra su culminación en la poesía– representa una procesión en la que unas figuras que hacen alusión a las artes nos conducen hacia el coro de ángeles. El coro está situado en un prado con flores sobre el que vemos al caballero abrazando a una mujer, símbolo del amor, que constituye el premio al caballero por su victoria frente a las fuerzas hostiles.

El conjunto hay que entenderlo como una concepción orgánica del cosmos que subraya los valores femeninos sobre los que asienta la existencia humana, de ahí el protagonismo de la figura femenina en todo el programa iconográfico.