El Bosco
Hieronyums Bosch. 1480/1490. Óleo sobre tabla. 220 x 390 cm. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Estamos sin duda ante la obra más conocida del pintor flamenco y Hieronymus Bosch, más conocido como el Bosco y una de las joyas del Museo del Prado de Madrid.

Su éxito radica sobre todo en la originalidad de un cuadro en el que se representan la fantasía, la imaginación y la provocación con una minuciosidad y detalle que caracterizaron toda la obra del artista.

El Bosco
Hieronyums Bosch. 1480/1490. Óleo sobre tabla. 220 x 390 cm. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Lo primero que destaca es el formato. Se trata de un tríptico compuesto por una tabla central y dos laterales, un formato muy frecuente en la época, especialmente para la pintura de temática religiosa que le sirve al artista para facilitar la lectura y comprensión de la obra.

El tríptico se compone de cuatro escenas: la creación del mundo, el paraíso, el mundo terrenal o jardín de las delicias y el infierno.

La creación del mundo

En el cuadro cerrado en su parte exterior pintó una representación del tercer día de la creación del mundo según el génesis.

Representa un globo transparente, símbolo de la fragilidad del universo, con la Tierra en su interior. Solo representa vegetales y minerales, ya que los peces y las aves los creó el 5º día y las personas y otros animales el 6º.

Está pintado en tonos grises, blanco y negro, como correspondería a un mundo sin sol ni luna, que según el génesis que fueron creados el 4º día.

En la parte superior izquierda colocó una pequeña imagen de Dios con una tiara y la biblia sobre sus rodillas y en el borde superior una inscripción: “Él lo dijo, y todo fue hecho. Él lo mandó, y todo fue creado”.

El paraíso

La tabla de la izquierda representa un paisaje idílico presidido por una fuente con muchos animales que habitan alrededor de la misma, entre montes y bosques de fantasía.

En la parte inferior aparece el Dios creador presentándole a Adán -que está sentado en el suelo- a una Eva recién creada. Junto a Adán el Árbol de la vida (un drago) y al lado de la fuente de la vida una palmera alrededor de la cual se enrolla una serpiente tentadora.

Parece que para El Bosco la creación de la mujer es la causa del pecado de la lujuria tal como lo representa en la tabla principal.

Bajo Adán y Eva otros animales más extraños –mitad de un animal y mitad de otro-, como parecen devorarse a sí mismos, lo que se interpreta como una alusión a cómo la estupidez humana y sus supersticiones le conducen a comportamientos violentos.

En la parte superior el paraíso con una fuente presidida por una lechuza y numerosos animales alrededor de la misma, como patos, cisnes, sabandijas, un unicornio, un toro o un mono montado sobre un elefante.

El mundo Terrenal: “El jardín de las delicias”

En esta tabla central representa lo que da nombre al cuadro: “El jardín de las delicias”. En el centro apreciamos lo que podría ser la fuente de la juventud donde toda una serie de jóvenes féminas parecen bañarse.

Este jardín no es sino una alegoría del jardín de los placeres de la carne y el pecado que se desencadenaron tras la creación de la mujer, tal y como lo representó en la tabla anterior.

El pecado se representa por medio de la metáfora del acto sexual entre hombre y mujeres, que nos presenta desnudos sin apenas diferenciación sexual entre ellos.

La sensualidad y la sexualidad las representaría mediante elementos simbólicos como las fresas o las cerezas. Con las pompas de vidrio, iguales que la que pintó en el dorso de las tablas laterales representó la fragilidad de ese mundo abandonado a los placeres de la carne.

El infierno

En esta tabla vemos como la oscuridad se ha adueñado del cuadro, en el que parece que el paisaje del paraíso está ahora en ruinas y en llamas, completamente dominado por la penumbra y la oscuridad.

En la parte central representa un hombre árbol con la cabeza girada hacia el espectador, al que mira fijamente, y que se ha interpretado como un autorretrato del propio artista. Alrededor del mismo un sinfín de figuras alegóricas en las que critica a la iglesia, una iglesia tan pecadora como los hombres, que ilustra con clérigos con pico de ave, monjas convertidas en cerdos, etc.

El demonio, abajo a la derecha, parece engullir a los condenados y los defeca a un pozo negro en el que otros personajes vomitan o excrementan oro, esto último interpretado como una alusión a la avaricia.

Bajo el manto de Satanás una mujer desnuda es forzada a mirarse en un espejo convexo colocado en las nalgas de un demonio, que se ha identificado con el pecado de la soberbia.

Aunque por su estética y el simbolismo desplegado en el cuadro podríamos incluirlo dentro de la corriente estética y estilística del gótico internacional, como muestra su gusto por el detalle, el simbolismo y las continuas alusiones de ideas por medio de objetos, la obra de El Bosco es por su imaginación desbordante y originalidad el sello personal de un genio creador que ha maravillado a artistas y aficionados al arte desde hace más de 500 años.

Información complementaria

Galería online del Museo del Prado: http://www.museodelprado.es/index.php?id=100&tx_obras[uid]=755&no_cache=1