Het meisje met de parel
Johannes Vermeer. 1665. Óleo sobre lienzo. 46 x 40. Royal Picture Gallery Mauritshuis. La Haya
Foto: Wikimmedia

La joven de la perla es una de las obras maestras del pintor flamenco Johannes Vermeer y uno de esos cuadros enigmáticos de la historia del arte que tuvo además su versión cinematográfica protagonizada por Scarlett Johansson.

Johannes Vermeer es un pintor barroco mundialmente conocido por sus escenas de género de la vida cotidiana de pequeño tamaño. En este caso, al no existir alusiones narrativas y colocar a la muchacha en un primerísimo plano, se trataría de un retrato.

El enigma del cuadro se acentúa al desconocer cualquier alusión al personaje representado, incluso su nombre que también no es desconocido.

Representa a un muchacha con su busto de perfil y girando la cabeza para dirigir su mirada hacia el espectador. Abre ligeramente su boca como si fuese a empezar a decir algo, lo que le da una mayor sensación de realismo a la composición y acentúa la sensualidad y el misterio de la muchacha.

Vestida con un chaqueta de tonalidades pardas y amarillentas en la que sobresale el cuello blanco de la camisa cubriendo su cabeza con un turbante azul pintado con lapislázuli, un pigmento de gran valor económico y dificultad técnica en su aplicación que Vermeer dominaba a la perfección.

La cabeza está ligeramente ladeada dando sensación de que la muchacha está ensimismada en sus propias ensoñaciones, aunque mantiene la mirada fija sobre el espectador, al que atrae hacia el lienzo a través de su mirada por encima del hombro. Los labios entreabiertos crean sensualidad y misterio y su turbante añade exotismo a esta mezcla seductora.

El título de la obra tiene su razón de ser en la perla que adorna la oreja de la bella muchacha. Este abalorio recoge el reflejo de la luz que ilumina el rostro de la joven, exactamente igual que en sus ojos. Es un recurso muy Caravaggístico que pretende crear un contraste lumínico que destaque la figura del fondo.

La combinación de color realza el contraste lumínico y refuerza la íntima mirada de la chica al espectador al destacar sobre el fondo en un claroscuro que, a diferencia de los de Caravaggio no es tan dramático y consigue transmitir esa tranquilidad y quietud característica de las obras de Vermeer.