Christinas world
Andrew Wyeth. 1948. Témpera sobre madera. 82 x 121 cm. MoMA. Nueva York
Foto: farm 4

El mundo de Cristina -Chirstina’s world- es uno de los cuadros más famosos del pintor realista norteamericano Andrew Wyeth, conocido como “el pintor del pueblo”. La obra está pintada con la técnica de témpera sobre madera y puede contemplarse en el Museo de arte Modernno de Nueva York.

El artista representa a una mujer tumbada en la hierba de una colina sin árboles y mirando hacia la lejana casa gris y el granero que se recortan en el horizonte.

La mujer se identifica con Christina Olson, una mujer que sufría una enfermedad degenerativa que se ha identificado como polio o el síndrome de Charcot–Marie–Tooth.

El artista se inspiró en su casa de veraneo, desde cuya ventana vio en una ocasión a la chica, con cuya familia tenía una buena relación de amistad.

La modelo que utilizó para el cuadro no fue la propia Christina Olson sino que utilizó a su mujer, Betsy Wyeth. A pesar de su aspecto la modelo en la que estaba inspirado el cuadro, Christina Olson, tenía por aquel entonces 55 años.

Sabemos que Cristina tenía la costumbre de dejar su silla y sentarse en la hierba separada unos metros de su casa que ella se encargaba de intentar recorrer con gran esfuerzo.

El título de la obra hace referencia a ese mundo de Cristina, pequeño por sus mermadas capacidades físicas, que el pintor se encarga de representar inmenso, como metáfora del esfuerzo que a ella le costaba recorrer esos pocos metros.

La casa representada -conocida como la Casa Olson- se conserva en a actualidad en la localidad de Cushing, estado de Maine y es considerada como un Monumento Histórico Nacional que ha sido debidamente restaurado, únicamente por aparecer en esta pintura.

Si comparamos la casa real con la que pintó el artista veremos ciertas diferencias como la separación del granero del edificio de la casa y unos cambios que realizó en la configuración del terreno.

El paisaje desolado, con una línea del horizonte extraordinariamente alta, subraya la pequeñez de la persona frente al entorno que la rodea gracias a la magnífica la distribución de volúmenes y la incidencia de la luz.

La primera vez que se expuso el cuadro no se le prestó demasiada atención, aunque el entonces director del MoMA, Alfred Barr, la adquirió rápidamente.

Desde ese momento el director se encargó de darle fama y popularidad a un cuadro cuyo mito y popularidad crecía constantemente hasta llegar a convertirse en un icono del arte americano y una de las piezas clave del museo, pintado en una época en la que triunfaba el expresionismo abstracto de pintores como Pollock o Rothko.