The last Supper
Leonardo da Vinci. 1497. Monasterio de Santa Maria delle Gracie. Milán
Foto: Wiikimmedia

Esta conocida pintura al fresco es una de las obras de Leonardo da Vinci más enigmáticas y sobre las que más se han escrito, estudiado y fantaseado sobre sus posibles interpretaciones y enigmas que periódicamente se “descubren” sobre ella.

Su aspecto deteriorado se debe a varios motivos: Leonardo, a pesar de su destreza como artista y a su inteligencia, nunca dominó la técnica del buon fresco como lo hicieron coetáneos suyos como Rafael o Miguel Ángel. Su gusto por la experimentación le llevó a innovar y a inventar nuevas técnicas como la que utiliza en esta obra: el óleo sobre dos capas de yeso, que ya al terminarla, y debido en parte a los problemas de humedad del espacio, se reveló como inestable.

Monasterio dominico en Milán
Monasterio de Santa María delle Gracie
Foto: farm3

Los repintes y restauraciones que se le fueron haciendo a lo largo de los años, las humedades del espacio en el que se encuentra y los avatares del propio edificio a lo largo de la historia hicieron el resto que hacen que la mayor parte de la pintura original se haya perdido.

La obra fue encargada por el duque de Milán, de la familia Sforza, para el monasterio de Santa María delle Grazie.

Aunque puede parecer que la representación de la última cena es acorde con el espacio en el que se encuentra: el refectorio del monasterio -comedor de los monjes-, en este caso no es tan claro porque Leonardo da Vinci concibió el cuadro de una forma muy diferente a como solían hacerse en este tipo de representaciones. En lugar de representar la consagración del pan que dio origen a la eucaristía, plasmó el momento en el que Cristo anuncia a uno de sus disípulos que uno de ellos le ha traicionado.

Esto le permite a Leonardo hacer un completo estudio de los temperamentos humanos a través de retratos psicológicos de cada uno de los personajes, reflejando en sus rostros emociones como la cólera, la sorpresa, la incredulidad, la duda, la culpabilidad etc.

Organiza la escena en grupos de tres personajes y a Cristo, en el centro de la composición resaltado por la luz que entra de las ventanas abiertas en el fondo y que permiten ver un paisaje a través de ellas.

El trabajo de Leonardo da Vinci era minucioso y perfeccionista. Cuentan las crónicas de la época como los patronos de la obra presionaban al pintor para que terminase la obra mientras éste se paseaba por Milán en busca de esa cara y ese gesto que le encajaban en cada uno de los personajes que pintaba.

El resultado final destaca por su sencillez y por una diversidad de personajes y caracteres que le confieren gran veracidad a la escena, que fue alabada como obra maestra ya en el momento en que el propio Leonardo la dio por concluída.

Los apóstoles se organizan en grupúsculos de tres a ambos lados de Jesucristo. De izquierda a derecha de la siguiente manera: en el primer grupo Bartolomé, Santiago el Menor y Andrés. En el segundo Simón Pedro, Juan y Judas iscariote que sitúa un poco al margen para remarcar su culpabilidad. El tercer grupo, ya a la derecha, lo conforman Tomás, Santiago el Mayor y Felipe. Finalmente en el cuarto grupo colocó a Mateo, Judas Tadeo y Simón Zelote.

La gran fama que ha adquirido esta obra por novelas como el código da Vinci, en la que Dan Brown sostiene que el personaje a la derecha de Cristo, el único que no tiene barba, es María Magdalena y no Juan ha inspirado numerosas teorías y cuentos que todavía no están refrendados por consistentes estudios científicos y se apoyan en la indefinición y ambigüedad de la percepción de la imagen debido a su estado de conservación.