Solomon R Guggenheim Museum
Frank Lloyd Wright. 1959. 5ª Avenida de Nueva York
Foto: Wikimmedia

El Museo Solomon R Guggenheim de Nueva York es uno de los dos museos que la Fundación Guggenheim tiene en Manhattan y el más famoso por ser de los pocos edificios con muros curvos de la ciudad de los rascacielos y por ser obra del genial arquitecto americano Frank Lloyd Wright.

Guggenheim Museum New York
Frank Lloyd Wright. 1959
Foto: edilia2000

Se trata de una espiral helicoidal continua que se expande conforme gana altura y que deja en su interior un enorme espacio vacío coronado por una cúpula de cristal que sirve para iluminar todo el edificio.

Es, junto a la casa de la cascada, una de las obras más conocidas del genial arquitecto norteamericano.

Su imagen de modernidad y su innovadora propuesta constructiva enlaza perfectamente con la función del edificio, que se ideó para contener las obras de arte más innovadoras y transgresoras del movimiento moderno, incluyendo cuadros de Kandinsky, Paul Klee, Pablo Picasso o Piet Mondrain

Salomon Guggenheim era un magnate judío que hizo su fortuna gracias a la explotación de una mina de oro en Alaska. Su gusto por el arte le llevó a coleccionar el arte europeo abstracto, un arte que más que representar e imitar la naturaleza sirve a sus autores para plasmar sentimientos, ideas y conceptos abstractos.

A finales de los años 30 este arte era perseguido en Europa y muchos artistas se vieron obligados a emigrar a EE.UU., por lo que no le costó gran esfuerzo acumular una importante colección de arte contemporáneo bajo los auspicios de la Fundación Guggenheim que creo en 1937

El museo se encuentra en la 5ta Avenida, muy cerca del estanque de Central Park. El arquitecto diseña un edificio ajeno a la retícula que conforman los rectangulares edificios de la gran manzana.

Guggenheim Museum New York
Frank Lloyd Wright. 1959.
Foto: alycetzue.com

La idea de Wright era generar una espiral ascendente ininterrumpida que permitiera una contemplación continua de las obras de arte, huyendo de la organización tradicional de los museos en salas y espacios que interrumpen la contemplación de las obras de arte.

Esta configuración pretendía aliviar el cansancio de los visitantes, que subirían en ascensor hasta el final de la rampa e irían descendiendo al tiempo que contemplaban los cuadros colgados en la pared interior de la espiral.

El edificio no está a nivel de calle, lo que permite dar la sensación de que emerge desde dentro de la tierra en lo que es otra gran referencia a la naturaleza, una constante en la obra de Frank Lloyd Wright, quién detestaba Nueva York y que aceptó este encargo cuando decidieron emplazarlo cerca del espacio verde urbano más grande del mundo.

Sin duda estamos ante un edificio que no sólo no pasa desapercibido, sino que en ocasiones cobra un mayor protagonismo que las obras de arte que contiene ante la mirada absorta del espectador de su magnífica estructura y espacio interior, en lugar de las obras de la magnífica colección de arte que contiene. Esto mismo le acabó pasando al Museo Guggenheim de Bilbao, donde una vez más el continente supera en estética y artisticidad al contenido.