Retrato de Felipe II de Alonso sánchez Coello
Sofonisba Anguissola. 1564. Óleo sobre lienzo. 88 x 72 cm. Museo del Prado. Madrid
Foto: Wikimmedia

Este retrato que tradicionalmente se atribuía al pintor renacentista Alonso Sánchez Coello es obra de una mujer: Sofonisba Anguissola (1532-1625), quien fuera discípula del maestro valenciano y la primera pintora relevante del Renacimiento italiano.

Criada en el seno de una familia acomodada recibió una educación muy refinada, en la que las bellas artes ocuparon un lugar predominante. Con un nombre atípico y esa exquisita formación artística fue capaz de convertirse en una retratista de primer orden, que con menos de 30 años se convierte en pintora oficial de la corte de Felipe II.

Con poco más de 20 años, Sofonisba fue a Roma a completar su formación artística. En Roma conoce a Miguel Ángel. El artista le dio clases particulares durante dos años, tras haber puesto a prueba a la artista pidiéndole que pintara un niño llorando.

La pintora resolvió la prueba pintando un niño mordido por un cangrejo, sorprendiendo a Miguel Ángel que incluso le permitió copiar modelos de su libreta de bocetos y contar con sus sabios consejos.

Este retrato de Felipe II es un buen ejemplo del tipo de representaciones de la artista, a quién le gustaba hacer representaciones un tanto informales de sus retratados, en las que los personajes desarrollan tareas cotidianas y acompañados por objetos que definen en parte su personalidad.

En este caso representa al monarca con un rosario en la mano, símbolo del reconocido fervor religioso del monarca que mira fijamente a los ojos del espectador. Unos ojos de un azul grisáceo con los que incide en el estudio psicológico del personaje.

Al ser mujer, Sofonisba no tuvo la oportunidad de pintar ni dibujar del natural. No estaba bien visto que una mujer viera cuerpos desnudos, lo que la llevó a especializarse en retratos. Primero de miembros de su propia familia, incluido un autorretrato, y posteriormente de personajes de la corte española es su época como pintora de la corte.

Murió a los 93 años, los últimos de los cuales se cree que padecía cataratas, pero que sin embargo aún pintaba. Se le atribuyen más de medio centenar de obras que están en los principales museos y galerías de todo el mundo, como Viena (Kunsthistorisches Museum), Madrid (Museo del Prado) o Florencia (Galería Uffizi)