El Greco
Doménikos Theotokópoulos “El Greco”. h. 1600. Óleo dobre lienzo. 121 x 109 cm. Museo metropolitano de Nueva York
Foto. Wikimmedia

Este paisaje de Toledo es una de esas obras de Doménikos Theotokópoulos, “El Greco”, que no dejan indiferente, por llevar su inconfundible sello y por la originalidad y fuerza del colorido con el que decide componer este paisaje.

Más allá de adscripciones a uno u otro estilo de esta y otras pinturas de El Greco lo que si que es unánime es la originalidad de sus obras que lo han convertido en un artista único en el mundo del arte.

Esta es una de esas obras de El Greco que se diferencia de su producción, en la que predominan los temas religiosos sin perjuicio de que, como en este caso, cultivara otros géneros como el paisaje, la pintura mitológicael laocoonte– y otras obras de difícil clasificación.

En el museo de El Greco de Toledo se conserva otro paisaje, pero en este caso, y a diferencia de éste, no incluye nada del entorno natural de la ciudad.

El Greco compone la escena de una forma original. En lugar de situar el núcleo urbano en el centro lo sitúa a la derecha, permitiéndole así recrearse en el paisaje verde de los alrededores del río Tajo que atraviesa la ciudad.

Lo que destaca principalemente de esta parte del entorno del Tajo y del paisaje natural en general es el colorido. El Greco sustituye la aridez típica del paisaje manchego por unos prados de un verde más propio de otras latitudes que de la propia ciudad de Toledo.

Los colores verdes de la vegetación contrastan así con los azules del cielo, provocando un efecto de contraposición de colores complementarios muy innovador para la época. Este contraste le sirve al artista para resaltar el skyline de Toledo bajo una atmósfera un tanto fantasmal.

El Greco adopta un punto de vista bajo y altera en parte la disposición del los edificios, de los que únicamente representa en su lugar el castillo de San Servando. También reconocemos el puente de Alcántara sobre el Tajo, así como el alcázar y la catedral, que situa mucho más cerca la una de la otra de lo que estaban en realidad.

La rareza de la obra en la producción artística de El Greco, así como la forma en que la resuelve se ha interpretado como una exaltación de la ciudad que durante mucho tiempo fue capital del imperio, hasta que en 1567 Felipe II decide trasladar la capitalidad a Madrid.

Para mucho autores este paisaje,“la noche estrellada” de Van Gogh y “lluvia, vapor y velocidad” de Turner son las mejores representaciones del cielo de toda la historia del arte universal occidental.